miércoles, 19 de agosto de 2020

"La misma otra galaxia. El otro mismo yo"

 


1

Todo siempre comienza con un oráculo, un presagio, una premonición. La aparición de un cuerpo sin vida, el enigma del crimen, el misterio de la maldad. Es el mensaje que recibo en mis sueños… veo arbustos, un río, un esqueleto sin brazos, ni carne, ni dientes. El trauma como un núcleo oscuro que emana sentidos, fantasmas, imágenes del horror. En cierto sueño reiterado, camino por un túnel ferroviario y, a mitad de camino, miro el techo y veo la huella de barro de una zapatilla cualquiera. El músico callejero llamado Nahuel me dice: “el hombre mosca”. Nos reímos. Nunca he ido hasta el túnel a comprobar si el músico y la huella existen en la vida despierta. Tal vez sea por sensatez. Quizá sea por miedo…

2


Me levanté temprano aquel día. Agarré el prospecto de la caja y leí: El insomnil® puede ocasionar conductas de sueño graves o que ponen en peligro la vida. Me quedé pensando un momento. Continué leyendo: Algunas personas que tomaron insomnil® se levantaron y condujeron sus vehículos, prepararon y comieron alimentos, tuvieron relaciones sexuales, hicieron llamadas telefónicas, caminaron dormidas o participaron en otras actividades mientras no estaban completamente despiertas. Me preguntaba si, acaso, eso no describía el estado común de gran parte de la población. Es decir, si acaso no vive la gente continuamente narcotizada, actuando bajo hipnosis, en “piloto automático”, yendo por la vida como verdaderas máquinas programadas. Proseguí leyendo el prospecto: Después de que despertaron, estas personas no pudieron recordar lo que habían hecho. Y por último, una advertencia: Deje de tomar insomnil® y llame a su médico de inmediato si descubre que ha estado conduciendo o haciendo algo inusual mientras estaba dormido.   

 

3

Un rato después, esa misma mañana, me puse a leer el diario: “Astrónomos detectaron una galaxia similar a la nuestra: está a 12.000 millones de años luz y fue observada desde el telescopio LSD-365n.” Era un espléndido día de sol, razón por la cual me sorprendió escuchar un trueno. ¿Habrá sido el producto de mi imaginación? No era la primera vez que alguna extraña coincidencia, una inusitada sensación o un hecho completamente ilógico acudían a visitarme. En cierta forma, ya estaba acostumbrado. Decidí prepararme una taza de café, tomar mi notebook y marcharme hacia la oficina. Me haría bien despejarme un poco. Salir a caminar, escuchar los pajaritos, mirar algunas chicas. Encender un cigarrillo y poner la radio en el celular. Todo eso me centraría y haría que me olvidase de mis problemas para dormir, de las rarezas insistentes y de la existencia de una galaxia paralela.

 

4


Pero no fue así. Al llegar al edificio de la calle Paraná, una multitudinaria marcha de empleados públicos me impidió ingresar e hizo que tuviera que optar por confinarme en una confitería cualquiera. Una vez sentado, me pedí un agua sin gas con una porción de tarta de jamón y queso. El volumen de la televisión estaba muy fuerte. Al oír la noticia, inmediatamente me estremecí. Habían encontrado el cuerpo de una jovencita en un basural. No pude evitar pensar en mis sueños. ¿Será que los productos oníricos nos conectan con una verdad secreta, que no queremos ver pero que allí está? Una verdad insabida. Abrí la computadora portátil y me disponía solicitarle la clave wifi al mozo, cuando nuevamente apareció la noticia de la galaxia símil a la nuestra. “Los avances de nuestro último telescopio LSD (el 365n más moderno que el 365 advance) han permitido detectar dentro de la galaxia así denominada vía láctea –por su semejanza a una mancha de leche en el espacio– un sistema solar harto singular, extremadamente semejante al nuestro, en donde encontramos un Sol en derredor del cual giran cierta cantidad de planetas. Lo más llamativo y esperanzador de estos hallazgos, es el descubrimiento de un planeta al que se denominó Tierra (tercero en su posición de cercanía al Sol), puesto que se conjetura la presencia allí de seres inteligentes semejantes a nosotros o a los nosotros nos podríamos asemejar, dependiendo de dónde se mire la cuestión.” Me quedé perplejo. En mis cuarenta años de vida, había dudado de muchísimas cosas, pero jamás de ser un terrícola de la susodicha vía láctea. Esa era mi verdadera galaxia. Ahora comprendía muchas cosas. Mi dificultad para dormir en esta galaxia, la irrupción de elementos cotidianos sin sentido para alguien que pertenece a otra galaxia, el poder de adivinación onírica. Tal vez un terrícola podría tener la habilidad de la telepatía en una galaxia ajena a la propia o desarrollar otras capacidades. Busqué en Wikipedia rápidamente dónde me encontraba y descubrí habitar un sistema solar perteneciente a la galaxia SPT0418-47. Pero, ¿en qué momento empezó a transformarse mi mundo sin que me diese cuenta?

5

Los agentes especiales Fox Mulder y Dana Scully, ingresaron a la confitería y se aproximaron a mi mesa en silencio. Me mostraron su credencial de COMUNIDAD COTO y la tarjeta de descuentos del supermercado DIA% y pidieron que no hiciera ningún tipo de locura. ¿Qué podía hacer o hacerles un simple terrícola a 12.000 millones de años luz de su verdadero hogar? Mulder sacó de su sobretodo de detective un aparato extremadamente moderno, de características jamás observadas por mí y proyectó un holograma 3D que reproducía una filmación memorizada en el dispositivo. Era yo mismo robando frutas de distintos lugares, saltando por los techos, pegándome a las paredes. Todo transcurría durante las madrugadas. “El viaje interestelar modificó su ADN y, en el camino, parecía haberse condensado con el de una mosca.”, dijo Scully. Inesperadamente, el holograma se perturbó, ante la sorpresa de los agentes y emergió allí el Indio Solari 3D. Con su característica voz rocanrolera me dijo: El futuro llegó hace rato. Vamos por ti, mi amigo…     

domingo, 19 de julio de 2020

ARAÑAS SUTILES DESPIERTAN DEL LODO



El fuego es una lengua tricolor
Naranja, roja, amarilla
Desde la fogata cósmica el Supremo nos ilumina
Pero ya se va, dejándonos librados a la guerra

Arañas sutiles despiertan del lodo
Caminan sigilosamente, no quieren ser oídas
Entretejen cuerdas de odio imperceptibles
A través de las cuales inocularán su hez


La llama del amor, ¿podrá con el desdén?
Te preguntas si acaso existen razones
Por las cuales pelear, soltar y andar
¿Cuál es el valor de la vida más allá del comer?

Comer, comer y comer
Se la pasan comiendo todo tipo de ideas
Ninguna los representa acabadamente
Pero quieren ser pensados, no-pensar, evadirse


Empieza la Guerra, la Gran guerra entre
Despiertos y dormidos
El Sol ha Muerto. La luna fría, plateada
Alumbra el combate humano por el Futuro

lunes, 29 de junio de 2020

¿Te excita cagar con Yabrán? Terror y horror en un bosque...



(Mientras lees este cuento, el espectro de tu bisabuela bate sangre en un pote con pedazos de perro muerto a tus espaldas. No la puedes ver ni oír. Pero esta noche, a mitad de la madrugada, cuando estés durmiendo boca bajo, ella te tomará de los tobillos y largará un gritó estridente que helará todos tus sentidos. No te podrás mover, cuando apoye su hediondo cuerpo en descomposición sobre tu espalda. Te girarás de golpe, intentando respirar, pero ella apoyará su concha caliente en tu rostro y de allí saldrán putrefactos gusanos que caerán directo en tu boca.)
Aquella tarde en el bosque de Cariló, con Ramiro y Federico decidimos que íbamos a quedarnos hasta el anochecer, haríamos una fogata e intentaríamos quedarnos toda la noche. Quisimos contar historias de terror, pero no fue necesario. Ya entenderán ustedes por qué.


Caía la noche en el bosque oscuro y frondoso. Ya prácticamente nada se veía más que nuestros tenues rostros iluminados vagamente por linternas mediocres. Federico era un sujeto definitivamente extraño. Una de esas personas que no te terminan de cerrar. De hecho, era amigo de Ramiro y no mío. Creo que profesaba la religión Umbanda. Tenía un olor asqueroso y los dientes deformes.


Mientras tomábamos una bebida blanca bien ardiente, de golpe, en un instante de silencio inesperado, comenzamos a escuchar un “tin tin tin”. Una especie de campanita siniestra cuyo origen incierto nos causó gracia. Al menos, en un primer momento. No sabíamos que ese iba a ser el comienzo del horror. Del espanto más oscuro que puede un alma desprevenida sentir.

La leyenda de la campanita de Cariló, dice que es el último ruido que oís antes de la “exopsiquiasis”, una transmutación inter-espiritual entre los cuerpos presentes en el momento de escucharla. Antiguamente, esto formaba parte del ritual de la momia Bushra, cuyo significado en árabe es “buen augurio”. Sentido equívoco si los hay porque la transformación inter-psíquica es de las experiencias más horrendas que sentí.
Se escuchó un horrible aullido de perro. Los tres miramos hacia donde provenía el mismo y sentimos unos pasos humanos o, al menos, humanoides. La sombra deforme comenzó a acercarse hacia nosotros. Había llegado la hora. El espíritu de la momia del infierno nos miraba desde las sombras y nosotros, pálidos y paralizados, absolutamente aterrorizados, empezamos a sentir la disgregación de nuestra realidad psíquica en acto. El yo de Federico se impuso sobre mi ego, capturando mi mente de manera tenaz y destronando mis criterios de pensamiento que pasaron a verse absorbidos por idioteces descomunales que, en verdad, habitaban la cabeza de él. Sentí cómo mi yo a la vez se dirigía al psiquismo de Ramiro, mezclándose con el suyo.

Nuestros cuerpos hicieron una fogata. La momia de las campanitas de Cariló comenzó a desvestirse, es decir, a quitarse venda a venda. Ya no era una sombra, era una entidad consistente, pero su cuerpo era un cadáver nauseabundo.
El impulso de mi yo-Federico, es decir, la posesión en la que me convertí producto de la “exopsiquiasis” hizo que me aproximara a la campera del cuerpo de Ramiro y extrajera de allí un cuchillo. Quería impedirlo pero no podía. Comencé a apuñalar al cuerpo de Federico cuya conciencia correspondía a la de Ramiro. Es decir, era él quien en verdad moría y sentía el dolor.
   
Un temible perro negro llegó hacia el amanecer. La fogata estaba apagada. Los tres yacíamos tirados en el piso. Federico estaba muerto. Yo lo había matado. Aunque, en realidad, Federico, habitándome, había matado al Ramiro psíquico. El perro negro de ojos rojos empezó a enfurecerse y a ladrarme con rabia. De pronto, su canino cuerpo de mastín devino la imagen misma del diablo o, tal vez, fue una ilusión. Ya no lo sé. Lo único que recuerdo es que el Señor de las Tinieblas era una parca rojiza, esquelética, cuya calavera tenía trozos de carne viva y colmillos de lobo –o pantera. Sus cuernos de toro amarillentos ardían porque provenían del mismísimo infierno. La maldad encarnada, la crueldad y el sadismo personificados. Vestía debajo de su túnica negra, un traje de militar y tenía una chapa de policía. La locura que vivimos ese día fue la Dictadura del 70 en miniatura, porque él comenzó a torturarnos. Entendimos qué era el fascismo.


La destrucción de la vida, de la juventud, del amor. Del pensamiento, de la identidad. Del cuerpo. Del hombre. El retorno de la muerte. La venganza de los malnazidos.

domingo, 14 de junio de 2020

"Amaos les unes a les otres"




Aún no recuerdo cómo llegué a ese espacio de murgas uruguayas en Moreno. Me estaba tomando una cerveza bien helada. Y claro, era pleno verano. La estación del año en la que hay que ir por la sombra e hidratarse. Ella me miraba fijo desde hacía más o menos quince minutos. Y empecé, como siempre, con la duda cartesiana. O más bien hamletiana. Que sí, que no. Que me mira a mí, que mira a otro, otra, otre… ¿y si es ciega? En un momento tenés que dejar de pensar porque estás al horno sino. Me acerqué con cualquier excusa.

-          ¿Vos estabas la otra vuelta en el Transfo de Haedo, no?- arranqué mintiendo.
-          Hola…- dijo y me clavó esa mirada penetrante que tanto encendía mi deseo.- No conozco ese lugar.
-         

Fue un momento difícil. ¿Cómo siendo del oeste no conocía uno de los pocos espacios culturales que tenemos? “Me la bajó”, como se dice. Pero después, me aclaró que era de Mar del Plata y que había venido a visitar a su prima. Le ofrecí un pucho y me preguntó si tenía faso. Le dije que no pero que conseguía. Al rato volví con “eso” y fuimos al patio a fumar. Me presentó a la prima y a su novio (el de la prima). Ella estaba soltera. Tenía veintiocho años y estudiaba abogacía. “Qué embole”, pensé por dentro, pero no se lo dije.


Después de escuchar a las murgas, bastante más sueltos que al principio, transamos en la oscuridad de un pasillo que daba a la cocina del lugar. El espacio era como una casona abandonada, con un patio enorme. Ella con su prima habían venido en el auto del novio de esta y me ofrecían llevarme hasta la estación del Sarmiento, a donde iba a ir a esperar el primer tren de domingo para llegar a Morón. Acepté.

En el auto seguimos chapando pero, en esta ocasión, nuestras manos empezaron a atreverse un poco más. Más allá del  porro y del alcohol, el éxtasis propio de la excitación sexual nos transportaba lejos de allí, estábamos en el coche y no. Como cuando en un sueño, resulta que estás en un lugar que es como cuatro lugares juntos.

Me estaba por bajar del auto y me preguntó si quería pasar lo que quedaba de noche en la casa de la prima. “Qué te parece”, pensé por dentro. Fuimos. Ellos vivían por el lado de La Reja. En realidad, estaban parando en una especie de quinta muy piola, con pileta y blablablá. Como hacía mucho calor, nos metimos en el agua, acompañados por fernet, vino y cervezas. La prima de mi chica estaba buenísima también. A esa altura, flasheé orgía. Aunque nunca había estado en una misma escena sexual con otro flaco. Creo que me leyeron el pensamiento porque inmediatamente pidieron que “en la pileta, nada de ropa”. Me avergoncé un poco, pero lo superé rápido.


Cada uno empezó a coger por su lado. Yo estaba con Mercedes en una punta y Flavia con Tiago estaban en la otra. Ella me recorría el cuello con su ardiente lengua, de vez en cuando me mordía pero a mí no me molestaba. Al contrario me excitaba más. De fondo se empezaron a escuchar los gemidos de los otros dos. Eso le daba un toque a la situación entre bizarro y altamente erótico. Me di cuenta que el preservativo en la pileta iba a estar complicado (ni que hablar de sexo oral) pero me las ingenié como pude y me lo puse. Al penetrar a Mercedes ella pegó un grito que contrastó enormemente con el silencio del campo en el que estábamos. Por dentro pensaba que tenía que ir despacio, ya que si no me iba a pasar como la última vez con aquella pendeja de Quilmes, después del recital de Divididos en Flores, en la que acabé al toque. Esta vez iba a ser diferente. Lo que no me imaginaba era cuán diferente.

Mientras lo hacíamos se acercaron Tiago y Flavia. Esta empezó a chapar a la prima (¿eran primas realmente? ¡Qué sé yo!). Le acariciaba los pechos y de pronto bajó una mano hasta el clítoris de quien hasta ese momento solo conmigo gozaba. “Alto trío”, pensé por dentro. Pero rápidamente se me cruzó por la cabeza: “¿Y el novio?” Al novio lo tenía atrás. Me masajeaba la espalda y poco a poco empezó a darme besos en el cuello. A esa altura del partido, sinceramente, mis prejuicios y condiciones heterosexuales ya estaban bastante borrosos.  ¡Imaginate si te vas a poner a pensar qué es el bien y qué es el mal en semejante situación!

Continuamos teniendo relaciones los cuatro en la piscina unos cuantos minutos. Ahora Mercedes estaba de espaldas mientras la penetraba con suavidad pero sin cobardía. Agarraba sus pechos y besaba a Flavia que a la vez masturbaba a su novio. Este último había empezado a meterme un dedo en el culo. Nunca me habían penetrado por allí. ¿Qué se sentiría? El chabón estaba evidentemente muy interesado en probarme. Hizo un primer intento y corrí el culo con disimulo. ¿Era necesario que para hablar de una “orgía” tengamos que estar “todes con todes”? Parece que sí, porque insistió. Finalmente, dije. “Bueno, me estoy cogiendo a la novia… voy a darle una satisfacción a cambio.” Me incliné un poco y le permití penetrarme. Fue bastante menos doloroso de lo que creí y bastante más placentero de lo que suponía.


No crean que terminó todo allí. Luego de que acabáramos, cada une en el orificio correspondiente y al tiempo que hubiere sido, fuimos a la habitación, en donde un poco a la fuerza me terminaron atando a la cama. Acá la cosa se puso más picante. Porque empezaron a jugar con mi cuerpo de un modo bastante sádico, infringiéndole pequeñas lastimaduras con elementos cortantes, punzantes. También comenzaron a quemarlo. En ese momento empecé a gritar dado que no me gustaba ya tanto nivel de agresión, ni me excitaba, cosa que a elles evidentemente sí. Me desataron y continuaron haciéndolo elles, mientras yo miraba. Cada une a su turno se dejó atar y humillar por el otre. El momento más asqueroso fue cuando Mercedes y Flavia defecaron sobre Tiago, que parecía enardecidamente excitado ante la situación. ¿Pueden creer que lo obligaron a comerse la caca? No aguanté más y vomité en un costado.

Nunca más volví a ver a este trío de chiflades. Pero cada tanto me masturbo pensando en la piscina. Nunca más volví a experimentar semejante goce. Excepto cuando escucho opera y tomo whisky. O también cuando pongo mi disco favorito y lo acompaño con el piano, después de haberme fumado unas buenas flores. Jamás sentí la necesidad de llevar el sexo hasta el extremo del dolor, ni propio ni ajeno. Pero tampoco juzgo a quienes así gozan, ya sea de manera sádica, masoquista o como fuere. Por lo demás, en el fondo, ¿quién de nosotres podría decir que, más allá de la práctica sexual en sí, nunca jamás amó de alguna extrañísima manera?


Todas las imágenes corresponden a Luis Royo con excepción de aquella en la que el cura se coge a la monja.

miércoles, 3 de junio de 2020

"Sentidos sentidos"



Gusto
He devenido una lengua insana
Que se desliza entre sabores esquivos
Y otros intensos, agrios, amargos
La dulzura de la vida no me empalaga

Vista
¿Qué veo en esos otros ojos que miran?
¿Qué miran esos mismos ojos que veo?
Devenir-ojo, mirada, ceguera
Alucino miradas de enjuiciamiento

Tacto
Me pica, me arde, me quema, me hela
Soy piel, erizada piel de invierno
Toco cosas que me rozan y pinchan
Me mojo las yemas con la gota de la muerte

Olfato
¡Humo! ¡Humo! ¡Ah!
Huelo la mierda del hombre
Sus vahos hediondos y su alquitrán
Perfumes inquietantes de mujeres solitarias  

Oído
Tambores lejanos, oníricos gritos
¿Quién es ese chirriante espectro que gime y ríe?
Un hang se mete en mi espíritu que llora
Junto al freír de un aceite que brama quejidos

martes, 2 de junio de 2020

¡In hoc signo vinces, papá!


*

Cuando me enteré de que el sindicato de Luz y Fuerza, en verdad, era la Fraternidad de Lucifer, nada volvió a ser igual en mi conciencia.

**

Estábamos caminando con Samuel una fría tarde de otoño por la playa de San Bernardo y, de golpe, sentimos el rugir de los motores en la lontananza de un horizonte opaco. Eran dos Mirage 5P de la Fuerza Área Peruana adquiridos por la Argentina cuando la guerra de las Malvinas a inicios de la década del ochenta.  
Pasaron como dos halcones con mezcla de león –por su rugir- y nos dejaron impactados por el choque que representaban en medio de un adormecido mar atlántico. Figura de poesía que no inspiró para escribir, luego, poemas bélicos de amor a una chica. Cada uno a la suya.  
Estábamos parando en el Hotel de la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza. Es decir, dormíamos en un lugar creado para los obreros de la energía, sin serlo nosotros.
¿Cómo fue que llegamos allí? Por un primo de Samuel, empleado de Edenor.

***

Cierta madrugada me levanté para ir a fumar un cigarrillo a la calle (sueños extraños no me dejaban dormir). Al llegar al hall del hotel, escuché una voz que decía: “In hoc signo vinces [con este signo vencerás].” Los empleados del lugar llevaban adelante una ceremonia esotérica, con tenues luces rojas, recitaban ditirambos a Lucifer mientras rociaban con sangre a un joven que yacía en el sitial de fuego. Sonaba metal argentino al palo. Y había un par de posters de Perón. Al salir a la vereda encendí el cigarro y vi en el paredón de enfrente el siguiente símbolo:


Y, a un costado, había otro que parecía ser su evolución:


Al día siguiente, decidí que, si iba a vencer con esos signos, entonces quería llevarlos tatuados en mi piel.

****

Una vez que regresamos de la Costa Atlántica, caminando por Retiro con Samuel, decidimos parar a comprarle chipá a un paraguayo que laburaba como vendedor ambulante. Quise ir en busca del tren que va para el lado de Tigre, pero mi amigo me dijo que “tenía cosas que hacer”. “Entonces, le dije, aunque sea vayamos a tomar un vino junto al tótem de la plaza”, a lo que él contestó con una sonrisa tímida.

Sentados junto al tótem de la Plaza Canadá, tomamos vino de cartón y fumamos cigarrillos negros 43 70.


En esa época tenía mucha tristeza por ciertas pérdidas personales que me llevaban a deprimirme todo el día. Pero gracias a mis nuevos tatuajes, pude salir adelante. De la mano de V8 y de la Juventud Peronista (que sería como escuchar La Renga y militar en La Cámpora hoy en día). Y también gracias a mi amiguito Samuel, con quien nos la pasábamos recorriendo lugares nuevos de la ciudad y del conurbano, en busca de algún “filito”, de cocaína y de bandas nuevas de heavy metal.

*****

En San Bernardo, Samuel se compró una remera de Metallica. Siempre fue medio cipayo el pelotudo.


sábado, 23 de mayo de 2020

Flor de empate




1

Eran aproximadamente las nueve de la mañana cuando sonó el teléfono inalámbrico por tercera vez. Decidí levantarme para ver quién era. Estaba con una resaca increíble de la noche anterior en el Bar de Antonio. Creo que estuvimos jugando al pool hasta las cuatro de la mañana, whiskies mediante, escuchando música y encarando minas sin éxito. Otra de esas noches clásicas para olvidar, como dice la canción.

“¡Al fin respondés, Julián!”, oí que me decía una voz femenina desde el otro lado del tubo. “Te estoy llamando acá porque se ve que tenés el celular apagado”. Estuve unos segundos rascándome la nariz pensando de quién se trataba. Luego me acomodé los testículos en el bóxer y me cayó la ficha. Era Samanta. Pero, ¿qué quería después de casi cinco meses sin hablar?

Mientras calentaba un poco de café, fui a correr las cortinas del departamento y la luz del día me encandiló fiero. Era una mañana espléndida, henchida de sol y movimiento, la cual se veía muy bien desde el piso 8, en especial la Plaza Sarmiento que tengo justo en frente. A todo esto, estaba escuchando atentamente –en realidad, como podía, con un sueño ebrio de pocas horas- a Samanta que había comenzado a explicarme los motivos de su comunicación. Pero antes de meternos en ese asunto, quisiera recordar un poco quién fue esta chica en mi vida.


2

Con Samanta nos conocimos hace unos años en Makena, el bar que está en Palermo Hollywood. Creo que fue la misma noche que mataron a un flaco en la puerta del lugar con un “abrecartas”. Nosotros nos enteramos al día siguiente, a raíz de un whatsapp que le llegó a ella cuando salíamos del telo. También en ese momento nos enteramos que me habían afanado el estéreo del auto, como en las viejas épocas, cosa que creí que no se hacía más. Pero como mi vehículo en ese momento era un poco viejo, se ve que aprovecharon.

La noche anterior, es decir, la noche en que nos conocimos había ido solo. Bueno, en realidad no. Habíamos quedado con Antonio ir juntos, pero él prefirió quedarse en su bar, así que nunca llegó. Si mal no recuerdo, fue un sábado en el que jugaban el clásico Banfield – Lanús. Y fui a la cancha, con lo cual hice todo el trayecto que va de zona sur hasta Palermo, fumado y en pedo (habíamos estado escabiando con los muchachos antes de entrar al estadio).

En aquella época, Samanta era un piba de veinticinco años, delgada, rubia (castaña teñida) y con una personalidad bastante jodona. Le gustaba el rock nacional, el reggae y el fernet. También los chabones como yo. Desalineados, medio bohemios, altos y silenciosos. Según me enteré después, lo que más le gustó de mí fue la remera de Banfield con el logo de La 25.

Creo que fueron ella y su amiga las que se acercaron a pedirme una seca de las flores que estaba quemando, ya con ganas de irme al carajo, porque estaba bastante cansado de haber laburado todo el día y de haber ido a ver el partido. En aquel momento, laburaba como cadete por el microcentro con el CG-150 que tenía además del auto, el cual en verdad era de mi viejo. Nos pusimos a charlar los tres. Su amiga era muy bonita también y como con las rubias siempre tuve el prejuicio de Luca Prodan, encaré para el lado de la morocha, aunque de manera infructuosa. No sólo porque era lesbiana –cosa que también me enteré después-, sino porque Samanta estaba caliente conmigo. Cuestión que descubrí ahí, en ese mismo momento, porque sin mediar palabra alguna que fuera en tal dirección, con su baile y movimiento me dijo todo.

Después de aquella noche, tardamos más o menos unos tres meses en ponernos a salir. Y un año en irnos a vivir juntos por la zona de Santos Lugares, donde quedaba una casa vacía producto del fallecimiento de su abuela materna. Las cosas fluyeron bastante bien durante dos años y siete meses. Pero el último tiempo, algo se desgastó. Nunca se termina de saber a ciencia cierta qué es lo que estropea una relación. En realidad, tampoco se sabe con exactitud qué la construye. Y así vamos, en definitiva, con más incertezas que certidumbres cabalgando al potrillo del amor. Hasta que nos caemos. Y, a veces, nos damos la cara contra el piso. Hubo algunos episodios de celos, un poco de infidelidad de parte de ambos, una pizca de maltrato y bastante descuido recíproco. En fin, lo mismo de siempre.

3

Finalmente, después de un extenso rodeo elocutivo, me terminó diciendo: “Estoy embarazada y estoy segura de que es tuyo.” ¿Por qué esperó tanto para decírmelo? Casi corto la comunicación, dejando caer el inalámbrico sin querer. Sinceramente, no me esperaba tal noticia. No podía decir que fuera mala, aunque me resultaba difícil verle el lado positivo a tener un hijo con alguien a quien ya no amaba. Samanta me preguntó qué quería hacer. Pensé que con cinco meses de embarazo como mínimo –ni recordaba la última vez que habíamos tenido sexo-, era prácticamente imposible que se sometiera a una interrupción voluntaria. “¿Querés hacerte un ADN?”, me preguntó ante tanto silencio. “No”, le dije. “Te creo”. Vacié la tasa de café de un sorbo apresurado. Fui hasta la campera a buscar los puchos. Del otro lado se escucha un sollozo. Fue un instante emotivo, aunque me encontraba –debo admitirlo- un poco desencajado. Encendí el cigarro y abrí la ventana a través de la que se veían la Plaza y la mañana. Uno no se entera todos los días de que va a ser papá. Le dije que estaba bien, que iba a hacerme cargo del niño o de la niña por venir. “Por ahora es un niñe”, me dijo la tarada. Eso del lenguaje inclusivo me parecía casi tan estúpido como no usar preservativo a la hora de coger, si no querés ser padre. Así que estábamos empatados en la boludez. Igual que aquel clásico del sur que fui a ver el día que nos conocimos, que terminó cero a cero y nos quedamos con las ganas de gritar un gol.    

martes, 19 de mayo de 2020

virología de cuarentena otoñal



Traigo una Corona que infecta mi alma
Camino entre muertos con vida
Que han quedado a mitad de camino
Entre el bien y el mal

Virus deforme, parásito letal
Lo real nos conmina a despertar
Vemos la muerte cara a cara
Pensamos que nada será igual

Y entonces qué hacer de esta vida
Que empieza y que termina
Por qué tantos rodeos
Basta de dar vueltas, vivamos sin pedir permiso

Creerán que perdiste la razón
No entenderán por más que utilices
Un pizarrón y dos títeres
Dejadlos ir, que ya verán el fuego inclemente

Hombrecitos de arcilla trabajan en la construcción
De un pato de madera gigante
Pretenden con eso trazar una encomienda secreta
Para que al ser abierta en el Brasil todos revivan
Foto: Unslash/ C.C. BY 0.0

viernes, 15 de mayo de 2020

Inquiline



Estamos en el Año 2055. Donald Trump ha sido enviado en cohete a la luna donde yacerá durante 15 años para cumplir su condena luego de haberse descubierto que fueron sus secuaces y él quienes inventaron el famoso “virus chino”.

Por mi parte, soy una mujer con genitales masculinos que además toma ciertas hormonas para ser feliz –obligatorias desde la gran crisis depresiva post-guerra intercoreana. Tengo ocho chips implantados por INCUBUS UR (UNLIMITED RESPONSIBILITY), la empresa multimillonaria de Joan Gates, heredero de Bill Gates, asesinado en 2025 por el Clan Anticibernético de Praga. Un chip que mide mi temperatura, otro que indica dónde estoy, un tercero que calcula mis pasos diarios, un cuarto que cronometra los latidos de mi corazón, un quinto que se ocupa de regular mis respiración, un sexto que regula los niveles de ansiedad, un sexto que amortiza la excitación sexual cuando algorítmicamente detecta improbable la ejecución del acto sexual, un séptimo que paraliza las reacciones agresivas y, finalmente, el octavo chip o “chip de la incredulidad” que filtra las noticias reales de las fake news (o lo que INCUBUS UR pretende que consideres posverdad).   

Se preguntarán cómo vivo. Las inmobiliarias no han desaparecido. Por ejemplo, desde hace unos años, la pelea por las locaciones ha sido tan salvaje y disparatada, que en este momento alquilo el living a una inmobiliaria, la habitación a una segunda, el baño a una tercera y el lavadero a una cuarta. Las expensas se pagan según lo que detectan los sensores instalados por la Red Única de Consorcios Terráqueos. A mayor uso de los espacios comunes (escaleras, palier, sum, ascensores, etc.) mayor costo. Como se ve, se ha producido una mega-monopolización en ciertos aspectos y una multi-diversificación en otros.  

¿La identidad? ¿Qué es eso? No, queridos amigos. En esta etapa de la humanidad definida como “capritalismo” o Whimodernity (en alusión al capricho individual que parece comandarlo todo), cada cual puede ser quien quiere ser y dejar de serlo en cualquier momento para pasar a ser otro diferente –otro, otra, otre u otrerix (devenir enteramente máquina, disponibilidad habilitada por la Empresa de Drones y Robots Termosensoriales de Mississippi).  

En cuanto a la alimentación, desde hace siete años y gracias al proyecto “Hannibal Lecter” (aprobado por primera vez en 2034 en Chicago y posteriormente en Bruselas, Tokio, Estocolmo y París hasta llegar a ser prácticamente legislación obligatoria universal), se ha permitido la ingesta de carne humana. Sé que esto para ustedes que son seres del pasado -atrasadísimos en múltiples aspectos culturales, espirituales y tecnológicos-, puede resultar fuerte o hasta asqueroso. A nosotros nos resulta hoy en día desagradable comer animales, cosas que ustedes continuaran haciendo y así les irá en cuanto a virus y pandemias (como la mega-pandemia de 2029 provocada por una explosión de casos de Hepatitis F, casi desconocida hasta entonces).

El transporte público se prohibió en 2024. Todxs nos manejamos con Uber o con Cabify.

domingo, 10 de mayo de 2020

Topología de la celebridad (El día que Perón se analizó con Lacan)




En 1918 el Club San Lorenzo de Almagro goleaba por primera vez en el Viejo Gasómetro (4 a 0 a Estudiantes de La Plata) mientras Sigmund Freud exponía en un Congreso de Budapest una ponencia acerca del porvenir de la terapia psicoanalítica. Esta vinculación inusitada, nos sirve para pensar que cuando suceden cosas en un punto del globo terráqueo, también están sucediendo otras en otra parte, que nos suelen ser desconocidas, porque nos enfocamos únicamente en aquellas que nos importan. Sin embargo, a veces también se producen conexiones inesperadas, entre eventos o personas que uno creía que jamás se iban a cruzar –ya sea por su distancia espacial o por su lejanía temporal. Acá nos vamos a referir a uno de esos encuentros sorpresivos.

Para ese año mencionado, el dieciocho, Juan Domingo Perón (“Pocho” para sus seres queridos) y el prestigioso psicoanalista parisino Jacques-Marie Émile Lacan, aún no se habían encontrado, cosa que sucedería más tarde -según lo narran ciertos testigos que han preferido permanecer en el anonimato.

En 1920 Lacan comienza a estudiar Medicina, especializándose en Psiquiatría entre 1927 y 1931. En los años posteriores se forma en filosofía y en 1932 se empieza a analizar con un psicoanalista polaco-francés-estadounidense (¿?), además de mantener amistad con la gente del surrealismo, hasta convertirse en uno de los más excéntricos y vanguardistas analistas de su generación. Por su lado, Perón había comenzado a tomar postura política más o menos para 1916, confrontándose con los sectores oligárquicos y conservadores de la Argentina y acercándose a los militares nacionalistas así llamados legalistas. Para esa época ya era Teniente 1° y en 1924 asciende a Capitán. El Capitán Perón.

En 1929 Perón se casa con Aurelia Gabriela Tizón, gran amiga de una literata austríaca llamada Luca Lanzer, prima lejana de Ernst Lanzer, fallecido en 1914, quien había sido paciente del mismísimo Doctor Sigmund Freud de Viena. Ante las primeras crisis depresivas de Perón, luego de su designación como profesor suplente de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Aurelia se contactó con Luca para solicitarle el contacto del Profesor Freud pero este nunca respondió a sus misivas. El análisis de Perón con Freud quedó trunco, y en Argentina todavía no existían analistas plenamente formados para tratar a semejante personalidad, razón por la cual se buscó otro analista igual de prestigioso que el padre del psicoanálisis. Es así que aparece Lacan en la vida de Perón.

Pero esto sucederá recién luego del fallecimiento de Tizón en el treinta y ocho. Hacía seis años que Lacan había publicado sus gran tesis de doctorado y es justamente en este año (1938) que interrumpe su análisis con Loewestein y es nombrado titular de la Sociedad Psicoanalítica de París. Ya no era un pichi. Perón tampoco, pues ya tenía publicada su Toponimia patagónica de etimología araucana en una publicación periódica del Ministerio de Agricultura y era Mayor del Ejército, además de ser agregado militar en la embajada argentina en Chile desde hacía dos años.

En principio, ambos se interesaban por diversas cuestiones, siendo una de ellas el estudio del lenguaje o más bien de la lengua. El encuentro sucederá, según cuentan los testigos anónimos, a consecuencia de las crisis maníacas de Perón posteriores a su etapa melancólica. En 1939, Pocho viaja a Europa y donde durante dos años recorre países como Alemania, España, Hungría, Yugoslavia, Albania y la propia URSS. También pasa por Francia, que es donde conoce a Jacques Lacan, buscando un psicoanalista como recomendación pretérita de su difunta esposa Aurelia. Lacan ya había tenido a sus hijos Caroline y Thibaut con Marie Louise Blondin. Nadie sabe exactamente cómo Perón se contacta con Lacan –o, al menos, ninguno de los testigos consultados se ha atrevido a decirlo hasta el momento-, pero lo cierto es que pactan una primera entrevista de análisis en el servicio de neuropsiquiatría del Hospital Militar Val-de-Grâce en París, donde Lacan ejercía como médico auxiliar a razón  de la ocupación alemana y a partir de la primavera de 1940 mantendrán algunas breves sesiones en el Hospital de los franciscanos de Pau.

Así comienza el psicoanálisis sostenido por Juan Domingo Perón y Jacques Lacan entre 1939 y 1940, viéndose interrumpida la cura del militar debido a su forzoso regreso a la Argentina el 8 de Enero de 1941, fecha en la que es destinado a una unidad de la Provincia de Mendoza donde luego será ascendido a Coronel. Lo que sigue, son las anotaciones traducidas de las sesiones que mantuvieran ambos personajes célebres según consta en papeletas raídas de las susodichas instituciones de Salud Pública así llamadas “historia clínica” y que fueron usurpadas por espías argentinos y franceses luego de terminada la Segunda Guerra Mundial a los fines de que nunca se sepa el tratamiento que el General Perón tuvo con el mismísimo Doctor Lacan.


Sesión del 18 de Mayo de 1939

Doctor Lacan: Entonces usted cree que está destinado a conocer a una gran mujer…
General Perón: Pienso que sí, doctor. Me gustaría casarme con una actriz joven, idealista, bonita. Usted sabe… Siento que me está haciendo falta eso para pegar el salto a la gloria.
Doctor Lacan: Bueno, en ese caso, debería actuar conforme a su deseo, aunque la oligarquía de su país lo defenestre al elegir una chica popular.
General Perón: Es que ya me cansé de las mujeres conservadoras. Si bien pertenezco al mundo militar, tengo profundas convicciones obreras, no se olvide.
Doctor Lacan: ¿A qué se refiere con “profundas convicciones obreras”, Juan Domingo?
General Perón: No me chicanee, doctor. Sé que en el fondo usted tampoco es un burgués, aunque sus honorarios digan lo contrario.

(CORTE DE SESIÓN)

Sesión del 17 de Junio de 1939

General Perón: ¿Sabe usted cuál es el avión Lockheed P-38 Lightning? Ha volado en siete horas de California a Nueva York. Increíble. Estos malditos norteamericanos, son verdaderamente peligrosos.
Doctor Lacan: No puedo menos que estar de acuerdo con Ud. Han convertido al psicoanálisis en una terapia conductual.
General Perón: ¿Qué opina usted de la decapitación de Weidmann de esta tarde? Seguramente puedan decir mucho ustedes los analistas con todo ese tema de la castración, ¿no?
Doctor Lacan: No creo que vuelvan a realizarse más decapitaciones públicas, dada la reacción histérica que ha provocado este acontecimiento en la sociedad.
General Perón: ¿El morbo?
Doctor Lacan: La satisfacción sádica de la sociedad… Quizá con los años desarrolle algún concepto para hacer referencia a esa sensación de placer en la crueldad. A ese sentimiento de gozo en el sufrir.
General Perón: ¿Y por qué no lo llama así: goce? Tal vez ese término le sirva para diferenciarlo del placer…
(CORTE DE SESIÓN)

27 de Agosto de 1939

General Perón: Ahora han sido los alemanes quienes dieron un batacazo. Han logrado volar un avión pilotado sin élice. Un Heinkel 178.
Doctor Lacan: ¿Pero entonces usted al final siente mucha admiración por los nacional-socialistas?
General Perón: No, doctor. Me siento un hombre porveniristas. Creo en el desarrollo, en el progreso, en el avance de la humanidad.
Doctor Lacan: ¿Podemos volver sobre su sueño? El sueño de la chica…. ¿cómo se llamaba? ¿Eva?
General Perón: Ah, cierto. Sí. Desde hace años que sueño que soy Adán y que junto a Eva, cometemos ciertos pecados que a la cúpula de la sociedad no les gusta nada. ¿Usted cree que estoy destinado a ser un líder popular?
Doctor Lacan: El psicoanálisis no cree en el destino, pero tampoco desconoce el poder oracular del lenguaje. La palabra no es signo sino nudo de significación. Cuando usted dijo que siempre “evita” confrontar con la autoridad, tal vez, sin saberlo, estaba nombrando algo mucho más profundo relativo a su deseo inconsciente. En estos tiempos de autoritarismo, ¿qué tiene de malo saber agachar un poco la cabeza? Según me cuenta ha llegado muy lejos evitando confrontaciones estériles con lo real. Quizá la cuestión sea, no retroceder ante aquella voluntad más secreta que comanda sus acciones…
General Perón: Es cierto lo que usted dice, querido psiquiatra. El asunto es que gobernar es fácil, lo difícil es conducir…
(CORTE DE SESIÓN)

22 de Diciembre de 1940

General Perón: He estado meditando mucho este tiempo. Tengo que volver a la Argentina. He llegado a la conclusión de que la verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo. Pero bueno, las revoluciones se hacen con tiempo… o con sangre.
Doctor Lacan: Usted es un león que, gracias al psicoanálisis, se ha vuelto herbívoro.
General Perón: Es cierto. Y se lo agradezco. Tanta “pulsión de muerte”, como dicen, me ha producido acidez. Dejaré ya de guiarme por mis fantasías destructivas, narcisistas y omnipotentes. Creo que la única verdad es la realidad.
Doctor Lacan: Tengo mis miramientos respecto de esa doctrina, Juan Domingo. No existe una sola realidad, ¿no lo hemos probado acaso analizando sus sueños? En todo caso, la única verdad es la verdad de la ficción.
General Perón: Ha llegado el momento de despedirnos, doctor. Me alegra no estar de acuerdo en todo con usted. En nuestro análisis, no ha habido complicidad…
Doctor Lacan: Querrá decir, en su análisis…
General Perón: ¡Qué puntilloso es usted con las palabras! Me hace acordar a ese escritor que pusieron hace dos años como auxiliar en la Biblioteca Municipal Miguel Cané… ¿cómo era que se llamaba? ¡Borges! ¡Jorge Luis Borges! En una época era populista, pero con los años se pasó de bando. Comparte su tesis de la realidad como ficción. Le recomiendo su lectura.
Doctor Lacan: Le agradezco, lo tendré en cuenta.
General Perón: No hay peor cosa que un bruto con inquietudes…
Doctor Lacan: Sí la hay: un analista sin analizarse. Los mejores días, siempre serán aquellos que pasamos por un diván. No puede haber nada mejor para un psicoanalista… que otro psicoanalista.  
General Perón: Me gustó esa frase. La voy a considerar para el día de mañana.

(CORTE DE SESIÓN)

De cuervos y tricolores

  El cuerpo del Negrito Miguel fue hallado muerto y empalado con una zanahoria en las inmediaciones de la Villa Carlos Gardel. Aparentement...