En 1918 el Club San Lorenzo de
Almagro goleaba por primera vez en el Viejo
Gasómetro (4 a 0 a Estudiantes de La Plata) mientras Sigmund Freud exponía
en un Congreso de Budapest una ponencia acerca del porvenir de la terapia
psicoanalítica. Esta vinculación inusitada, nos sirve para pensar que cuando
suceden cosas en un punto del globo terráqueo, también están sucediendo otras
en otra parte, que nos suelen ser desconocidas, porque nos enfocamos únicamente
en aquellas que nos importan. Sin embargo, a veces también se producen conexiones
inesperadas, entre eventos o personas que uno creía que jamás se iban a cruzar –ya
sea por su distancia espacial o por su lejanía temporal. Acá nos vamos a
referir a uno de esos encuentros sorpresivos.
Para ese año mencionado, el
dieciocho, Juan Domingo Perón (“Pocho” para sus seres queridos) y el
prestigioso psicoanalista parisino Jacques-Marie Émile Lacan, aún no se habían
encontrado, cosa que sucedería más tarde -según lo narran ciertos testigos que
han preferido permanecer en el anonimato.
En 1920 Lacan comienza a estudiar
Medicina, especializándose en Psiquiatría entre 1927 y 1931. En los años
posteriores se forma en filosofía y en 1932 se empieza a analizar con un
psicoanalista polaco-francés-estadounidense (¿?), además de mantener amistad
con la gente del surrealismo, hasta convertirse en uno de los más excéntricos y
vanguardistas analistas de su generación. Por su lado, Perón había comenzado a
tomar postura política más o menos para 1916, confrontándose con los sectores
oligárquicos y conservadores de la Argentina y acercándose a los militares nacionalistas
así llamados legalistas. Para esa época ya era Teniente 1° y en 1924 asciende a
Capitán. El Capitán Perón.
En 1929 Perón se casa con Aurelia
Gabriela Tizón, gran amiga de una literata austríaca llamada Luca Lanzer, prima
lejana de Ernst Lanzer, fallecido en 1914, quien había sido paciente del
mismísimo Doctor Sigmund Freud de Viena. Ante las primeras crisis depresivas de
Perón, luego de su designación como profesor suplente de Historia Militar en la
Escuela Superior de Guerra, Aurelia se contactó con Luca para solicitarle el
contacto del Profesor Freud pero este nunca respondió a sus misivas. El
análisis de Perón con Freud quedó trunco, y en Argentina todavía no existían
analistas plenamente formados para tratar a semejante personalidad, razón por
la cual se buscó otro analista igual de prestigioso que el padre del
psicoanálisis. Es así que aparece Lacan en la vida de Perón.
Pero esto sucederá recién luego
del fallecimiento de Tizón en el treinta y ocho. Hacía seis años que Lacan
había publicado sus gran tesis de doctorado y es justamente en este año (1938) que
interrumpe su análisis con Loewestein y es nombrado titular de la Sociedad
Psicoanalítica de París. Ya no era un pichi. Perón tampoco, pues ya tenía
publicada su Toponimia patagónica de
etimología araucana en una publicación periódica del Ministerio de Agricultura
y era Mayor del Ejército, además de ser agregado
militar en la embajada argentina en Chile desde hacía dos años.
En principio, ambos
se interesaban por diversas cuestiones, siendo una de ellas el estudio del lenguaje
o más bien de la lengua. El encuentro sucederá, según cuentan los testigos
anónimos, a consecuencia de las crisis maníacas de Perón posteriores a su etapa
melancólica. En 1939, Pocho viaja a Europa y donde durante dos años recorre países
como Alemania, España, Hungría, Yugoslavia, Albania y la propia URSS. También pasa
por Francia, que es donde conoce a Jacques Lacan, buscando un psicoanalista
como recomendación pretérita de su difunta esposa Aurelia. Lacan ya había
tenido a sus hijos Caroline y Thibaut con Marie Louise Blondin. Nadie
sabe exactamente cómo Perón se contacta con Lacan –o, al menos, ninguno de los
testigos consultados se ha atrevido a decirlo hasta el momento-, pero lo cierto
es que pactan una primera entrevista de análisis en el servicio de
neuropsiquiatría del Hospital Militar Val-de-Grâce en París, donde Lacan
ejercía como médico auxiliar a razón de
la ocupación alemana y a partir de la primavera de 1940 mantendrán algunas
breves sesiones en el Hospital de los franciscanos de Pau.
Así comienza el psicoanálisis sostenido
por Juan Domingo Perón y Jacques Lacan entre 1939 y 1940, viéndose interrumpida
la cura del militar debido a su forzoso regreso a la Argentina el 8 de Enero de
1941, fecha en la que es destinado a una unidad de la Provincia de Mendoza
donde luego será ascendido a Coronel. Lo que sigue, son las anotaciones traducidas
de las sesiones que mantuvieran ambos personajes célebres según consta en
papeletas raídas de las susodichas instituciones de Salud Pública así llamadas “historia
clínica” y que fueron usurpadas por espías argentinos y franceses luego de
terminada la Segunda Guerra Mundial a los fines de que nunca se sepa el
tratamiento que el General Perón tuvo con el mismísimo Doctor Lacan.
Sesión del 18 de Mayo de 1939
Doctor Lacan: Entonces usted cree que está destinado a
conocer a una gran mujer…
General Perón: Pienso que sí, doctor. Me gustaría casarme
con una actriz joven, idealista, bonita. Usted sabe… Siento que me está haciendo
falta eso para pegar el salto a la gloria.
Doctor Lacan: Bueno, en ese caso, debería actuar conforme
a su deseo, aunque la oligarquía de su país lo defenestre al elegir una chica
popular.
General Perón: Es que ya me cansé de las mujeres
conservadoras. Si bien pertenezco al mundo militar, tengo profundas convicciones
obreras, no se olvide.
Doctor Lacan: ¿A qué se refiere con “profundas convicciones
obreras”, Juan Domingo?
General Perón: No me chicanee, doctor. Sé que en el fondo
usted tampoco es un burgués, aunque sus honorarios digan lo contrario.
(CORTE DE SESIÓN)
Sesión del 17 de Junio de 1939
General Perón: ¿Sabe usted cuál es el avión Lockheed P-38 Lightning? Ha volado en siete horas de
California a Nueva York. Increíble. Estos malditos norteamericanos, son
verdaderamente peligrosos.
Doctor Lacan: No puedo menos que estar de acuerdo con Ud.
Han convertido al psicoanálisis en una terapia conductual.
General Perón: ¿Qué opina usted de la decapitación de
Weidmann de esta tarde? Seguramente puedan decir mucho ustedes los analistas con
todo ese tema de la castración, ¿no?
Doctor Lacan: No creo que vuelvan a realizarse más decapitaciones
públicas, dada la reacción histérica que ha provocado este acontecimiento en la
sociedad.
General Perón: ¿El morbo?
Doctor Lacan: La satisfacción sádica de la sociedad… Quizá
con los años desarrolle algún concepto para hacer referencia a esa sensación de
placer en la crueldad. A ese sentimiento de gozo en el sufrir.
General Perón: ¿Y por qué no lo llama así: goce? Tal vez ese
término le sirva para diferenciarlo del placer…
(CORTE DE SESIÓN)
27 de Agosto de 1939
General Perón: Ahora han sido los alemanes quienes dieron un
batacazo. Han logrado volar un avión pilotado sin élice. Un Heinkel 178.
Doctor Lacan: ¿Pero entonces usted al final siente mucha
admiración por los nacional-socialistas?
General Perón: No, doctor. Me siento un hombre porveniristas.
Creo en el desarrollo, en el progreso, en el avance de la humanidad.
Doctor Lacan: ¿Podemos volver sobre su sueño? El sueño de
la chica…. ¿cómo se llamaba? ¿Eva?
General Perón: Ah, cierto. Sí. Desde hace años que sueño que
soy Adán y que junto a Eva, cometemos ciertos pecados que a la cúpula de la
sociedad no les gusta nada. ¿Usted cree que estoy destinado a ser un líder
popular?
Doctor Lacan: El psicoanálisis no cree en el destino,
pero tampoco desconoce el poder oracular del lenguaje. La palabra no es signo
sino nudo de significación. Cuando usted dijo que siempre “evita” confrontar
con la autoridad, tal vez, sin saberlo, estaba nombrando algo mucho más
profundo relativo a su deseo inconsciente. En estos tiempos de autoritarismo,
¿qué tiene de malo saber agachar un poco la cabeza? Según me cuenta ha llegado
muy lejos evitando confrontaciones estériles con lo real. Quizá la cuestión
sea, no retroceder ante aquella voluntad más secreta que comanda sus acciones…
General Perón: Es cierto lo que usted dice, querido
psiquiatra. El asunto es que gobernar es fácil,
lo difícil es conducir…
(CORTE DE SESIÓN)
22 de Diciembre de 1940
General Perón: He estado meditando mucho este tiempo. Tengo
que volver a la Argentina. He llegado a la conclusión de que la verdadera democracia es aquella donde el gobierno
hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo. Pero
bueno, las revoluciones se hacen con tiempo… o con sangre.
Doctor Lacan: Usted es un león que, gracias al
psicoanálisis, se ha vuelto herbívoro.
General Perón: Es cierto. Y se lo agradezco. Tanta “pulsión
de muerte”, como dicen, me ha producido acidez. Dejaré ya de guiarme por mis
fantasías destructivas, narcisistas y omnipotentes. Creo que la única verdad es
la realidad.
Doctor Lacan: Tengo mis miramientos respecto de esa
doctrina, Juan Domingo. No existe una sola realidad, ¿no lo hemos probado acaso
analizando sus sueños? En todo caso, la única verdad es la verdad de la
ficción.
General Perón: Ha llegado el momento de despedirnos, doctor.
Me alegra no estar de acuerdo en todo con usted. En nuestro análisis, no ha
habido complicidad…
Doctor Lacan: Querrá decir, en su análisis…
General Perón: ¡Qué puntilloso es usted con las palabras! Me
hace acordar a ese escritor que pusieron hace dos años como auxiliar en la Biblioteca Municipal Miguel Cané…
¿cómo era que se llamaba? ¡Borges! ¡Jorge Luis Borges! En una época era
populista, pero con los años se pasó de bando. Comparte su tesis de la realidad
como ficción. Le recomiendo su lectura.
Doctor Lacan: Le agradezco, lo tendré en cuenta.
General Perón: No hay peor cosa que un bruto con inquietudes…
Doctor Lacan: Sí la hay: un analista sin analizarse. Los mejores
días, siempre serán aquellos que pasamos por un diván. No puede haber nada
mejor para un psicoanalista… que otro psicoanalista.
General Perón: Me gustó esa frase. La voy a considerar para
el día de mañana.
(CORTE DE SESIÓN)

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