Estamos
en el Año 2055. Donald Trump ha sido enviado en cohete a la luna donde yacerá
durante 15 años para cumplir su condena luego de haberse descubierto que fueron
sus secuaces y él quienes inventaron el famoso “virus chino”.
Por
mi parte, soy una mujer con genitales masculinos que además toma ciertas
hormonas para ser feliz –obligatorias desde la gran crisis depresiva
post-guerra intercoreana. Tengo ocho chips implantados por INCUBUS UR
(UNLIMITED RESPONSIBILITY), la empresa multimillonaria de Joan Gates, heredero
de Bill Gates, asesinado en 2025 por el Clan
Anticibernético de Praga. Un chip que mide mi temperatura, otro que indica
dónde estoy, un tercero que calcula mis pasos diarios, un cuarto que cronometra
los latidos de mi corazón, un quinto que se ocupa de regular mis respiración,
un sexto que regula los niveles de ansiedad, un sexto que amortiza la
excitación sexual cuando algorítmicamente detecta improbable la ejecución del
acto sexual, un séptimo que paraliza las reacciones agresivas y, finalmente, el
octavo chip o “chip de la incredulidad” que filtra las noticias reales de las fake news (o lo que INCUBUS UR pretende
que consideres posverdad).
Se
preguntarán cómo vivo. Las inmobiliarias no han desaparecido. Por ejemplo,
desde hace unos años, la pelea por las locaciones ha sido tan salvaje y
disparatada, que en este momento alquilo el living a una inmobiliaria, la
habitación a una segunda, el baño a una tercera y el lavadero a una cuarta. Las
expensas se pagan según lo que detectan los sensores instalados por la Red Única de Consorcios Terráqueos. A
mayor uso de los espacios comunes (escaleras, palier, sum, ascensores, etc.)
mayor costo. Como se ve, se ha producido una mega-monopolización en ciertos
aspectos y una multi-diversificación en otros.
¿La
identidad? ¿Qué es eso? No, queridos amigos. En esta etapa de la humanidad
definida como “capritalismo” o Whimodernity
(en alusión al capricho individual que parece comandarlo todo), cada cual puede
ser quien quiere ser y dejar de serlo en cualquier momento para pasar a ser
otro diferente –otro, otra, otre u otrerix (devenir enteramente máquina, disponibilidad
habilitada por la Empresa de Drones y
Robots Termosensoriales de Mississippi).
En
cuanto a la alimentación, desde hace siete años y gracias al proyecto “Hannibal
Lecter” (aprobado por primera vez en 2034 en Chicago y posteriormente en
Bruselas, Tokio, Estocolmo y París hasta llegar a ser prácticamente legislación
obligatoria universal), se ha permitido la ingesta de carne humana. Sé que esto
para ustedes que son seres del pasado -atrasadísimos en múltiples aspectos
culturales, espirituales y tecnológicos-, puede resultar fuerte o hasta
asqueroso. A nosotros nos resulta hoy en día desagradable comer animales, cosas
que ustedes continuaran haciendo y así les irá en cuanto a virus y pandemias
(como la mega-pandemia de 2029 provocada por una explosión de casos de Hepatitis
F, casi desconocida hasta entonces).
El
transporte público se prohibió en 2024. Todxs nos manejamos con Uber o con Cabify.

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