lunes, 13 de junio de 2022

De cuervos y tricolores

 



El cuerpo del Negrito Miguel fue hallado muerto y empalado con una zanahoria en las inmediaciones de la Villa Carlos Gardel. Aparentemente, el guacho se había metido con el capo de la barra de Almagro y los secuaces de este acometieron la vindicta sin miramientos y con saña. Su madre reconoció al joven desfigurado en la morgue del Hospital Posadas, entre llantos desconsolados y gritos desesperados que reclamaban justicia. Sin embargo, en el barrio se sabía que, ante este tipo de situaciones, de nada servía apelar a la cana y tratar de hacer las cosas “por derecha”. Entonces, la tía de Miguel, Doña Anselma, mandó un par de mensajes de voz vía WhatsApp a Tulio, referente de la 1-11-14 en materia de venganzas, ya que era obvio que los pibes de la Charly Gardel no iban a querer meterse en quilombos con la banda del Fuerte Apache, zona picante en la que paraba Francisco alias Pancho, líder de la hinchada del club de José Ingenieros y responsable directo de la muerte de su sobrino, el Negrito.

Tulio se había sumado en el 98 a la hinchada de San Lorenzo, aunque la gente del barrio decía que hasta el 95 había sido hincha de Boca, cosa que nunca se constató. El rumor afirmaba que el tipo había visto la veta para hacer chanchullos en el Club de Boedo alojado desde mediados de los noventa en el Bajo Flores y que, entonces, fue arrimando el bochín hasta hacerse bastante conocido en la popular azulgrana, llegando a ser considerado un fiel exponente de los muchachos de la Plaza Butteler.

De rasgos norteños, intenso pelo azabache y petiso, Tulito (como le decían los de máxima confianza) era bravío y calentón. Todavía algunos se acuerdan de la noche en la que, en “El Reventón” del barrio de Once, encaró fiero hacia cinco pendejos de la Plaza José C. Paz (la barra de Huracán) que andaban de “porongas” con vestimenta del club y de cómo trompeó lindo a los guachines, haciéndolos correr hasta la mitad de la Plaza Miserere, desde donde empezaron a tirarle piedras. Tulito guarda hasta el día de hoy una campera quemera como trofeo del combate.       

La mañana que Tulio recibió los mensajes de Doña Anselma, estaba jugando al billar con los muchachos en un tugurio de malísima muerte sobre la Avenida Perito Moreno. El olor del moscato y del humo de habano de poca calidad, impregnaba al ambiente de una atmósfera turbia que, junto al ruido del cuarteto cordobés y de las bolas chocando entre sí, ofrecía al transeúnte ocasional un espectáculo decadente pero gracioso al mismo tiempo.

Justo terminaba de mear, ya se había lavado las manos y no terminaba de secárselas, cuando sonó su celular repetidas veces. “¿Y ahora qué carajos pasó?”, se preguntó en ese momento. Agarró el teléfono y vio que era la tía del Negrito Miguel. Caminó hasta su mesa y remató lo poco de moscato que había en el vaso. Tomó un pucho del paquete del Tomate Raúl y salió a la vereda. Mientras encendía el cigarrillo le dio play a los audios de Anselma.



“Muchachos, vamos a tener que hacer un laburito”, les dijo a los tres hombres que estaban en el bolichito con él, al terminar de escuchar los WhatsApp y de fumarse el cigarro. “Hay una gente de Ciudadela que se metió con alguien cercano a la familia y eso no se puede permitir”, concluyó. Los demás, que lo miraban atentamente sin decir nada, se miraron entre sí intrigados. Pero ninguno se atrevió a preguntar nada y Tomate, haciéndose el portavoz del trío, respondió con firmeza: “De una, Tulito. Como vos digas”.

Esa misma noche, Tulio, Raúl, El loco Pérez y Martín alias Buitre se juntaron con la parte de la barrabrava de San Lorenzo con la que había más cercanía y afinidad, ya que Tulito no le caía bien a toda la Butteler (o “La Gloriosa”, como también se la conocía). Muchos pensaban que era un simple mercenario que se había metido en la hinchada solamente para hacer negocios varios, sacar tajada y que le importaban muy poco los colores del club. Se convocaron en un Bar de Pompeya, zona quemera, pero en la que igualmente paraban muchos cuervos.

“El fin de semana que viene, Almagro juega un amistoso con Deportivo Español en la cancha de estos. Tenemos que aprovechar ya que va a haber público visitante”, empezó proponiendo Tulio al resto de los tipos que lo escuchaban en silencio. “Vos, Loco, tenés un par de conocidos ahí en el Español. Así que vas a tener que charlar con los pibes para que estén al tanto de la emboscada y pedirles, de paso, que nos brinden una mano.” Si pretendían emboscar a la barra de Almagro, por más que la hinchada de San Lorenzo fuese más grande, como estaba divida entre los que apoyaban a Tulio y los que no, iba a costar mover tanta gente.



“Disculpame, Tulio”, dijo por lo bajo el Buitre. “Pero, ¿te parece armar tanto quilombo por un problema personal tuyo? Al resto de la hinchada esto no le va a gustar un carajo y vamos a tener problemas entre nosotros”. Lo que Martín no sabía era que, en el fondo, ese el verdadero objetivo de Tulio. Dividir la hinchada para hacerse con el poder, después de correr a los que mandaban ahora. Esta movida iba a ser una muestra de aguante para el resto de la Butteler. Y también para las otras hinchadas. La Doce, Los borrachos del tablón y la Guardia imperial, entre otras, iban a ver que los “Santos de Boedo” se estaban volviendo más picantes que nunca. Esa renovada fama peligrosa, también iba a traer aparejadas nuevas encomiendas por parte, por ejemplo, de algún que otro político necesitado de matones que aprieten al que fuere o de sindicalistas que necesitaran dar pruebas de poderío dentro de su propio gremio.


(CONTINUARÁ...)   

lunes, 31 de enero de 2022

Venganza conurbana

 


DÍA 1

Mira la lluvia desde la ventana de su casa añeja. Esa que le dejaron los padres en San Martín. Es de noche y, luego de un sofocante ardor estival de varios días, por fin el agua refresca el asfalto quebradizo de un conurbano melancólico y febril.

Ve pasar los autos al ritmo de un porro de flores. De fondo suena Robben Ford que revienta a palos una SG de la hostia, roja y americana, al mejor estilo Angus Young. Piensa que aún es joven y que le quedan varias balas en la 22. En el auto todavía hay nafta y, en su pecho, altas ganas de reventar a los gatos del barrio 31. En particular, piensa en el sorete de Carlitos: el hijo de puta que violó y mató a su hermana.  

Pero sabe que la venganza es un plato que se desayuna al dente. Es decir, que se come en el momento exacto, justo unas milésimas de segundo antes de que todo hierva y explote por los cielos. Ahí, justamente ahí, es cuando se la va a dar bien dada. O sea, mejor esperar a la próxima entrega de falopa y, de paso cañazo, llevarse la merluza, cargarse al Pichi, al Juani y a toda la manga de hijos de mil putas que mataron a sus viejos.

Se levanta de la silla, va hasta el cajón de un mueble del comedor y revisa su revolver. Cuenta una pilita de dólares. Necesita comprar un par de fierros mucho mejores que la poronga que le dejó el tío Emanuel. No tiene miedo. Solamente siente un poco de tristeza por no poder contarle lo que va a hacer a su melliza. Por no poder traerle los testículos arrancados de la excrecencia humana de Carlitos. ¡Sí, precisamente Carlitos! ¡Quién iba a decir que su ex novio iba a maltratarla de ese modo tan inhumano, salvaje y bestial! ¿Por qué partirle la cara a martillazos a la mujer que dijiste amar, a la hermana de tu mejor amigo de la infancia, a la chica que te entregó su virginidad creyendo que ibas a ser el hombre de su vida y para toda su vida?

Ya no hay tiempo para más preguntas. Mañana es la movida de la coca y él esperó este momento mucho tiempo. O, quizá, no fue tanto tiempo pero para él resultó interminable. Qué importa ya si fueron años, meses, semanas o días. Tal vez, inclusive, puede que no hayan pasado más que algunas horas o, por qué no, hasta es probable que la sangre y los cuerpos de su mamá, de su papá y de su hermana todavía estén frescos y calentitos, desparramados en el piso de ese mismo comedor, descuartizados o no, con caras de agonía o no. Hasta puede que Carlitos jamás haya existido y no sea más que el producto de una imaginación enferma que encubrió delirantemente, alucinatoriamente el crimen más furibundo e infernal que el barrio haya visto en años, cuando no en siglos.

Eso quisiera creer, a veces, que es un psicótico que todo lo soñó, que en verdad quien mató y violó y volvió a matar fue él, en un rapto demencial de locura infinita. Pero no. Él jamás les haría semejante daño a las personas que más amó en su vida, después de Anabella.

¿Por qué pensar en su ex justo ahora? Mal momento para traerla a colación. Mejor pensar en todo el odio, en toda la rabia, en toda la furia que va a ser necesario tener cuando su destino marque que la hora de vengarse ha llegado. Ya para entonces, tendrá encima un par de litros de alcohol, algo de faso paraguayo y, quizá, una escopeta recortada.

Abel sacude su cabeza luego de mojarla en la ducha cinco minutos. Maquina un plan, piensa en llamar al Cabezón pero cree que sería un error meterlo en todo esto. Maldice el día en que eligió hacerse chorro unos meses para salir de caño con los malculiados del barrio 31. Maldice el puto día en que dejó tirado a Pepe, el primo de Carlitos, y lo reventó la yuta de un par de cuetazos en el pecho. Recontra putea el ortiva día y el jodido minuto en que decidió quedarse con toda la torta y que los demás la vieran en figuritas.

Echa de menos el tiempo en que se la pasaba culeando con Anabella al ritmo de Los piojos en Ituzaingó. Extraña sus chupadas de pija, su entregarle el orto sin miramientos. Chuparle la concha y acariciarle las tetas hasta hacerla terminar en una banda de placer. Echa de menos ese laburo de mierda en el cíber de Liniers que le consiguió su amigo Tito. Por lo menos, no había riesgo de muerte, solamente morir de embole. Pero eso es una metáfora. Acá, en la calle de caño re zarpado se muere posta. No es para imbéciles. Ni para tibios. O matás o morís. Y si no te mata la poli, te mejicanean algunos giles y la cagaste.

No tiene miedo pero siente adrenalina o algo parecido. Quizá sea angustia. El vértigo nauseabundo del inminente asesino que, corrompido por la viciosa plaga de la vindicta, acude al fatal encuentro con su objetivo existencial. Ese del que se retorna heroicamente nuevo y satisfecho… o moralmente destruido y con las patas pa´ adelante.          

 

 


DÍA 2

El barro de las calles matanceras le llega casi hasta la rodilla. Intenta ocultarse tras unos árboles medio caídos por la tormenta. Observa desde lejos a la banda de criminales a quienes se las tiene jurada. Están por hacer un negocio de drogas con una gente de Virrey del Pino. En realidad, son unos narcos de Mataderos pero que salen de Capital Federal para manejarse más sueltamente. En CABA los tienen muy junados y de hacer este tipo de transacciones allá, deberían dejarle un 30% al comisario de la 42a.

Finalmente, en lo de Ignacio Raspanti consiguió dos pistolas automáticas de las mejores: 9mm, livianas, limadas e impecables. También rescató un chaleco antibalas y unas gafas anti-esquirlas bien chetas. Por último, una granada de mano por si algún disparo no diera en el blanco.

Son aproximadamente las ocho PM. Hay pocos coches en la calle. Se cortó la luz en un par de cuadras de la zona pero no donde se hará la transa. Se siente confiado. Cree que es una síntesis de Arnold Schwarzenegger con Sylvester Stallone. Recuerda esas películas de los noventa en las que caían solamente “los malos” y en donde “los buenos” no recibían ni un rasguño. Sabe que esto no será así pero está dispuesto a perder una mano o una pierna con tal de ver concretada su Justicia terrenal personal amasijando a estas lacras inmundas.

Ve llegar una camioneta negra con una gigantesca calcomanía en el vidrio de atrás que entremezcla una “L” gótica con una “P” cursiva mayúsculas. Es el símbolo de “La Parroquia” como se conocía en aquella época a la banda de Carlitos. Les quedó ese nombre porque se juntaban de pendejos en una iglesia de Retiro.

Siente su propia respiración y algunas gotas de sudor. El corazón bombea. Le tiemblan las rodillas y eso lo enoja. No se puede cagar ahora. Un retorcijón lo hace recular. Cagaría toda La Matanza si no fuera porque eso pondría en peligro su plan mortal. Atina a pelar la verga y echarse un meo, “total, ya se hizo de noche” piensa. Pero la guarda. Salieron más rápido de lo que supuso. Un error de cálculo en una secuencia así es echar todo a perder hasta vaya a saberse cuándo. Esta es su ocasión. Sabe que no la puede desperdiciar.

Entonces, antes de que la camioneta se ponga en marcha, avanza por la calle a pasos acelerados pero firmes desde atrás, con la imponencia sanguinaria de quien vino a quedarse con la presa. Se coloca a la izquierda del vehículo y alza ambas 9mm apuntando a las ventanas polarizadas. Dispara. Vacía los cartuchos y escucha que las puertas del lado derecho se abren. Retrocede, ve que se asoma una mano con una 45 y, entonces, se agacha. Tantea el bolsillo de la camperita buscando la granada. Quita la espoleta y la lanza hacia la mano sangrienta que se esfuma tras una cortina de fuego y humo atronador.

Algo aturdido (no tomó la distancia necesaria), con su pequeña 22 en la mano se aproxima hacia lo que queda de chatarra, huesos y tripas. Murieron Juani, el Pichi y el gordo Leo. Carlitos agoniza con la mitad de la cara destruida, sin dientes, con un ojo y una oreja menos. Oye que intenta decirle algo pero no se comprende nada. Son los balbuceos salivosos y ensangrentados de un muerto por llegar. Le quedarán, como mucho, cinco minutos de vida. Tiempo suficiente para bajarse los pantalones y llenarle la moribunda cara de mierda. De paso lo mea. Lo patea en el estómago cuatro o cinco veces. Introduce su pistola en el agujero del ojo faltante. Los gritos de dolor de Carlitos son terribles pero no lo hacen frenar ni detenerse. Al contrario: lo excitan. Apura una paja y le acaba en la boca. Con largas gotas de semen en los labios, Carlitos muere.

Ahora sí puede irse. En la esquina lo espera el Cabezón en un Falcón hecho mierda de la década del 70. Si no fuera porque reventó a una manga de mafiosos violadores y asesinos, se sentiría un milico torturador hijo de yuta. Torturó, mató y se subió a un Ford Falcón. Pero no. No es un militar cagándose en los derechos humanos. Puede que sea un canalla, lo desconoce. Pero lo suyo responde a otras coordenadas. A otra lógica. Esto que había hecho no había sido el mal por el mal en sí. Era hacer el mal para que reine el bien. O, al menos, así lo pensaba.    

martes, 15 de junio de 2021

Fer

 


1998 - 2000: Toma clase de Guitarra con Matías Rodríguez (“La Manzana cromática protoplasmática”).

2000 – actualidad: Guitarrista autodidacta. Influencias de Luis Salinas, Juanjo Domínguez, Jimi Hendrix. 

2000: Compositor y guitarrista en SHITLAND, banda adolescente de Nü & Thrash Metal. Shows en “El Mocambo” de Haedo. 

2004 - 2009: Guitarrista líder en NecroabortioN, Brutal death metal técnico. Composición y líricas.   Shows en “Kalma Bar” de La Plata, “Locomondo” de Ramos Mejía, “Planta alta” y “Asbury” de Flores, “Speed King” y “CBGB” de Microcentro. Grabación de DISCO INDEPENDIENTE en el 2008.

2010 - 2012: Clases de Canto con Norberto Rodríguez (“Temple”, banda de Walter Giardino).

2012 - actualidad: Creación del conjunto en lengua Castellana TEMPORALES ROCK. Fechas en “La Roca” de Villa Devoto, “Santana” de Ramos Mejía, “Mr. Jones” de Ramos Mejía, “Casa de la cultura Popular Diego Maradona” de Haedo, “La Colorada” de Caballito, “Yira-Yira” de Ramos Mejía, “Zona de Nadie” de Boedo, “La Quadra” de Ramos Mejía, “Tiganno La bestia Bar” de Ramos Mejía, “Detroit” de Morón, “Break Bar” de Morón. Grabación de EP 2013: “Algo más” (4 temas). Composición y líricas. 2013 – 2014: Clase de Canto con la profesora Elena de Villa Sarmiento (lírico).

2014 - 2015: Clases de Canto con Luján Vera (coaching).   

2015: Clases de Canto con Alejandro Ramallo (Ramos Mejía).

Septiembre de 2015: Creación del proyecto solista FERNANDO LYNCH. Grabación del disco “Profunda ventana, deep window to the lake” (Independiente). 10 temas de propia autoría en letra y música: https://www.youtube.com/watch?v=eN1-23278Uo Publicación de poemario homónimo. Buenos Aires, Ed. Tahiel, 2015.

Noviembre de 2015: Publicación de Misceláneas porteñas, Ed. Textos intrusos. Relatos dinámicos en torno a la juventud y la existencia.

Febrero de 2016: Inicio de Clases de Teatro en Espacio “El foco”, Floresta.

Año 2017: Grabación del EP solista Cóndor bajo la producción de Marian Dames en “El Santito”. Artistas invitados: Cabo Falcone, Gonzalo Villanueva, Sol Burgos. Clase de Teatro en La Casona de Humahuaca con Chan. El proyecto solita pasa a llamarse CÓNDOR CANTAUTOR.

2018: Publicación del poemario LITHERATERRA y de la obra de teatro INCAUTO LEOPOLDO.

Año 2019: Grabación de Más allá, disco de TEMPORALES ROCK. Disco LP 2019: Más allá. Presentación en Vadenuevo, Morón. Filmación del videoclip del tema SISTEMA CRUEL.

Año 2020: Grabación de 2 temas nuevos, “Explotador explotado” y “La templanza del océano”. Taller de canto con Soema Montenegro.

Año 2021: Ensamble de canto con Sofía Aristarain. Teatro en Teatraje (Ituzaingó).

Objetivos: “Como artista, busco poder expresarme de la manera más pura y libre que sea posible. No veo el Arte como un mero entretenimiento o un pasatiempo sino como algo serio, que contribuye a la transformación del ser humano, en diversos niveles, incluyendo fundamentalmente el de la Comunidad en su conjunto. Para mí el arte es pensamiento crítico.”

miércoles, 19 de agosto de 2020

"La misma otra galaxia. El otro mismo yo"

 


1

Todo siempre comienza con un oráculo, un presagio, una premonición. La aparición de un cuerpo sin vida, el enigma del crimen, el misterio de la maldad. Es el mensaje que recibo en mis sueños… veo arbustos, un río, un esqueleto sin brazos, ni carne, ni dientes. El trauma como un núcleo oscuro que emana sentidos, fantasmas, imágenes del horror. En cierto sueño reiterado, camino por un túnel ferroviario y, a mitad de camino, miro el techo y veo la huella de barro de una zapatilla cualquiera. El músico callejero llamado Nahuel me dice: “el hombre mosca”. Nos reímos. Nunca he ido hasta el túnel a comprobar si el músico y la huella existen en la vida despierta. Tal vez sea por sensatez. Quizá sea por miedo…

2


Me levanté temprano aquel día. Agarré el prospecto de la caja y leí: El insomnil® puede ocasionar conductas de sueño graves o que ponen en peligro la vida. Me quedé pensando un momento. Continué leyendo: Algunas personas que tomaron insomnil® se levantaron y condujeron sus vehículos, prepararon y comieron alimentos, tuvieron relaciones sexuales, hicieron llamadas telefónicas, caminaron dormidas o participaron en otras actividades mientras no estaban completamente despiertas. Me preguntaba si, acaso, eso no describía el estado común de gran parte de la población. Es decir, si acaso no vive la gente continuamente narcotizada, actuando bajo hipnosis, en “piloto automático”, yendo por la vida como verdaderas máquinas programadas. Proseguí leyendo el prospecto: Después de que despertaron, estas personas no pudieron recordar lo que habían hecho. Y por último, una advertencia: Deje de tomar insomnil® y llame a su médico de inmediato si descubre que ha estado conduciendo o haciendo algo inusual mientras estaba dormido.   

 

3

Un rato después, esa misma mañana, me puse a leer el diario: “Astrónomos detectaron una galaxia similar a la nuestra: está a 12.000 millones de años luz y fue observada desde el telescopio LSD-365n.” Era un espléndido día de sol, razón por la cual me sorprendió escuchar un trueno. ¿Habrá sido el producto de mi imaginación? No era la primera vez que alguna extraña coincidencia, una inusitada sensación o un hecho completamente ilógico acudían a visitarme. En cierta forma, ya estaba acostumbrado. Decidí prepararme una taza de café, tomar mi notebook y marcharme hacia la oficina. Me haría bien despejarme un poco. Salir a caminar, escuchar los pajaritos, mirar algunas chicas. Encender un cigarrillo y poner la radio en el celular. Todo eso me centraría y haría que me olvidase de mis problemas para dormir, de las rarezas insistentes y de la existencia de una galaxia paralela.

 

4


Pero no fue así. Al llegar al edificio de la calle Paraná, una multitudinaria marcha de empleados públicos me impidió ingresar e hizo que tuviera que optar por confinarme en una confitería cualquiera. Una vez sentado, me pedí un agua sin gas con una porción de tarta de jamón y queso. El volumen de la televisión estaba muy fuerte. Al oír la noticia, inmediatamente me estremecí. Habían encontrado el cuerpo de una jovencita en un basural. No pude evitar pensar en mis sueños. ¿Será que los productos oníricos nos conectan con una verdad secreta, que no queremos ver pero que allí está? Una verdad insabida. Abrí la computadora portátil y me disponía solicitarle la clave wifi al mozo, cuando nuevamente apareció la noticia de la galaxia símil a la nuestra. “Los avances de nuestro último telescopio LSD (el 365n más moderno que el 365 advance) han permitido detectar dentro de la galaxia así denominada vía láctea –por su semejanza a una mancha de leche en el espacio– un sistema solar harto singular, extremadamente semejante al nuestro, en donde encontramos un Sol en derredor del cual giran cierta cantidad de planetas. Lo más llamativo y esperanzador de estos hallazgos, es el descubrimiento de un planeta al que se denominó Tierra (tercero en su posición de cercanía al Sol), puesto que se conjetura la presencia allí de seres inteligentes semejantes a nosotros o a los nosotros nos podríamos asemejar, dependiendo de dónde se mire la cuestión.” Me quedé perplejo. En mis cuarenta años de vida, había dudado de muchísimas cosas, pero jamás de ser un terrícola de la susodicha vía láctea. Esa era mi verdadera galaxia. Ahora comprendía muchas cosas. Mi dificultad para dormir en esta galaxia, la irrupción de elementos cotidianos sin sentido para alguien que pertenece a otra galaxia, el poder de adivinación onírica. Tal vez un terrícola podría tener la habilidad de la telepatía en una galaxia ajena a la propia o desarrollar otras capacidades. Busqué en Wikipedia rápidamente dónde me encontraba y descubrí habitar un sistema solar perteneciente a la galaxia SPT0418-47. Pero, ¿en qué momento empezó a transformarse mi mundo sin que me diese cuenta?

5

Los agentes especiales Fox Mulder y Dana Scully, ingresaron a la confitería y se aproximaron a mi mesa en silencio. Me mostraron su credencial de COMUNIDAD COTO y la tarjeta de descuentos del supermercado DIA% y pidieron que no hiciera ningún tipo de locura. ¿Qué podía hacer o hacerles un simple terrícola a 12.000 millones de años luz de su verdadero hogar? Mulder sacó de su sobretodo de detective un aparato extremadamente moderno, de características jamás observadas por mí y proyectó un holograma 3D que reproducía una filmación memorizada en el dispositivo. Era yo mismo robando frutas de distintos lugares, saltando por los techos, pegándome a las paredes. Todo transcurría durante las madrugadas. “El viaje interestelar modificó su ADN y, en el camino, parecía haberse condensado con el de una mosca.”, dijo Scully. Inesperadamente, el holograma se perturbó, ante la sorpresa de los agentes y emergió allí el Indio Solari 3D. Con su característica voz rocanrolera me dijo: El futuro llegó hace rato. Vamos por ti, mi amigo…     

domingo, 19 de julio de 2020

ARAÑAS SUTILES DESPIERTAN DEL LODO



El fuego es una lengua tricolor
Naranja, roja, amarilla
Desde la fogata cósmica el Supremo nos ilumina
Pero ya se va, dejándonos librados a la guerra

Arañas sutiles despiertan del lodo
Caminan sigilosamente, no quieren ser oídas
Entretejen cuerdas de odio imperceptibles
A través de las cuales inocularán su hez


La llama del amor, ¿podrá con el desdén?
Te preguntas si acaso existen razones
Por las cuales pelear, soltar y andar
¿Cuál es el valor de la vida más allá del comer?

Comer, comer y comer
Se la pasan comiendo todo tipo de ideas
Ninguna los representa acabadamente
Pero quieren ser pensados, no-pensar, evadirse


Empieza la Guerra, la Gran guerra entre
Despiertos y dormidos
El Sol ha Muerto. La luna fría, plateada
Alumbra el combate humano por el Futuro

lunes, 29 de junio de 2020

¿Te excita cagar con Yabrán? Terror y horror en un bosque...



(Mientras lees este cuento, el espectro de tu bisabuela bate sangre en un pote con pedazos de perro muerto a tus espaldas. No la puedes ver ni oír. Pero esta noche, a mitad de la madrugada, cuando estés durmiendo boca bajo, ella te tomará de los tobillos y largará un gritó estridente que helará todos tus sentidos. No te podrás mover, cuando apoye su hediondo cuerpo en descomposición sobre tu espalda. Te girarás de golpe, intentando respirar, pero ella apoyará su concha caliente en tu rostro y de allí saldrán putrefactos gusanos que caerán directo en tu boca.)
Aquella tarde en el bosque de Cariló, con Ramiro y Federico decidimos que íbamos a quedarnos hasta el anochecer, haríamos una fogata e intentaríamos quedarnos toda la noche. Quisimos contar historias de terror, pero no fue necesario. Ya entenderán ustedes por qué.


Caía la noche en el bosque oscuro y frondoso. Ya prácticamente nada se veía más que nuestros tenues rostros iluminados vagamente por linternas mediocres. Federico era un sujeto definitivamente extraño. Una de esas personas que no te terminan de cerrar. De hecho, era amigo de Ramiro y no mío. Creo que profesaba la religión Umbanda. Tenía un olor asqueroso y los dientes deformes.


Mientras tomábamos una bebida blanca bien ardiente, de golpe, en un instante de silencio inesperado, comenzamos a escuchar un “tin tin tin”. Una especie de campanita siniestra cuyo origen incierto nos causó gracia. Al menos, en un primer momento. No sabíamos que ese iba a ser el comienzo del horror. Del espanto más oscuro que puede un alma desprevenida sentir.

La leyenda de la campanita de Cariló, dice que es el último ruido que oís antes de la “exopsiquiasis”, una transmutación inter-espiritual entre los cuerpos presentes en el momento de escucharla. Antiguamente, esto formaba parte del ritual de la momia Bushra, cuyo significado en árabe es “buen augurio”. Sentido equívoco si los hay porque la transformación inter-psíquica es de las experiencias más horrendas que sentí.
Se escuchó un horrible aullido de perro. Los tres miramos hacia donde provenía el mismo y sentimos unos pasos humanos o, al menos, humanoides. La sombra deforme comenzó a acercarse hacia nosotros. Había llegado la hora. El espíritu de la momia del infierno nos miraba desde las sombras y nosotros, pálidos y paralizados, absolutamente aterrorizados, empezamos a sentir la disgregación de nuestra realidad psíquica en acto. El yo de Federico se impuso sobre mi ego, capturando mi mente de manera tenaz y destronando mis criterios de pensamiento que pasaron a verse absorbidos por idioteces descomunales que, en verdad, habitaban la cabeza de él. Sentí cómo mi yo a la vez se dirigía al psiquismo de Ramiro, mezclándose con el suyo.

Nuestros cuerpos hicieron una fogata. La momia de las campanitas de Cariló comenzó a desvestirse, es decir, a quitarse venda a venda. Ya no era una sombra, era una entidad consistente, pero su cuerpo era un cadáver nauseabundo.
El impulso de mi yo-Federico, es decir, la posesión en la que me convertí producto de la “exopsiquiasis” hizo que me aproximara a la campera del cuerpo de Ramiro y extrajera de allí un cuchillo. Quería impedirlo pero no podía. Comencé a apuñalar al cuerpo de Federico cuya conciencia correspondía a la de Ramiro. Es decir, era él quien en verdad moría y sentía el dolor.
   
Un temible perro negro llegó hacia el amanecer. La fogata estaba apagada. Los tres yacíamos tirados en el piso. Federico estaba muerto. Yo lo había matado. Aunque, en realidad, Federico, habitándome, había matado al Ramiro psíquico. El perro negro de ojos rojos empezó a enfurecerse y a ladrarme con rabia. De pronto, su canino cuerpo de mastín devino la imagen misma del diablo o, tal vez, fue una ilusión. Ya no lo sé. Lo único que recuerdo es que el Señor de las Tinieblas era una parca rojiza, esquelética, cuya calavera tenía trozos de carne viva y colmillos de lobo –o pantera. Sus cuernos de toro amarillentos ardían porque provenían del mismísimo infierno. La maldad encarnada, la crueldad y el sadismo personificados. Vestía debajo de su túnica negra, un traje de militar y tenía una chapa de policía. La locura que vivimos ese día fue la Dictadura del 70 en miniatura, porque él comenzó a torturarnos. Entendimos qué era el fascismo.


La destrucción de la vida, de la juventud, del amor. Del pensamiento, de la identidad. Del cuerpo. Del hombre. El retorno de la muerte. La venganza de los malnazidos.

domingo, 14 de junio de 2020

"Amaos les unes a les otres"




Aún no recuerdo cómo llegué a ese espacio de murgas uruguayas en Moreno. Me estaba tomando una cerveza bien helada. Y claro, era pleno verano. La estación del año en la que hay que ir por la sombra e hidratarse. Ella me miraba fijo desde hacía más o menos quince minutos. Y empecé, como siempre, con la duda cartesiana. O más bien hamletiana. Que sí, que no. Que me mira a mí, que mira a otro, otra, otre… ¿y si es ciega? En un momento tenés que dejar de pensar porque estás al horno sino. Me acerqué con cualquier excusa.

-          ¿Vos estabas la otra vuelta en el Transfo de Haedo, no?- arranqué mintiendo.
-          Hola…- dijo y me clavó esa mirada penetrante que tanto encendía mi deseo.- No conozco ese lugar.
-         

Fue un momento difícil. ¿Cómo siendo del oeste no conocía uno de los pocos espacios culturales que tenemos? “Me la bajó”, como se dice. Pero después, me aclaró que era de Mar del Plata y que había venido a visitar a su prima. Le ofrecí un pucho y me preguntó si tenía faso. Le dije que no pero que conseguía. Al rato volví con “eso” y fuimos al patio a fumar. Me presentó a la prima y a su novio (el de la prima). Ella estaba soltera. Tenía veintiocho años y estudiaba abogacía. “Qué embole”, pensé por dentro, pero no se lo dije.


Después de escuchar a las murgas, bastante más sueltos que al principio, transamos en la oscuridad de un pasillo que daba a la cocina del lugar. El espacio era como una casona abandonada, con un patio enorme. Ella con su prima habían venido en el auto del novio de esta y me ofrecían llevarme hasta la estación del Sarmiento, a donde iba a ir a esperar el primer tren de domingo para llegar a Morón. Acepté.

En el auto seguimos chapando pero, en esta ocasión, nuestras manos empezaron a atreverse un poco más. Más allá del  porro y del alcohol, el éxtasis propio de la excitación sexual nos transportaba lejos de allí, estábamos en el coche y no. Como cuando en un sueño, resulta que estás en un lugar que es como cuatro lugares juntos.

Me estaba por bajar del auto y me preguntó si quería pasar lo que quedaba de noche en la casa de la prima. “Qué te parece”, pensé por dentro. Fuimos. Ellos vivían por el lado de La Reja. En realidad, estaban parando en una especie de quinta muy piola, con pileta y blablablá. Como hacía mucho calor, nos metimos en el agua, acompañados por fernet, vino y cervezas. La prima de mi chica estaba buenísima también. A esa altura, flasheé orgía. Aunque nunca había estado en una misma escena sexual con otro flaco. Creo que me leyeron el pensamiento porque inmediatamente pidieron que “en la pileta, nada de ropa”. Me avergoncé un poco, pero lo superé rápido.


Cada uno empezó a coger por su lado. Yo estaba con Mercedes en una punta y Flavia con Tiago estaban en la otra. Ella me recorría el cuello con su ardiente lengua, de vez en cuando me mordía pero a mí no me molestaba. Al contrario me excitaba más. De fondo se empezaron a escuchar los gemidos de los otros dos. Eso le daba un toque a la situación entre bizarro y altamente erótico. Me di cuenta que el preservativo en la pileta iba a estar complicado (ni que hablar de sexo oral) pero me las ingenié como pude y me lo puse. Al penetrar a Mercedes ella pegó un grito que contrastó enormemente con el silencio del campo en el que estábamos. Por dentro pensaba que tenía que ir despacio, ya que si no me iba a pasar como la última vez con aquella pendeja de Quilmes, después del recital de Divididos en Flores, en la que acabé al toque. Esta vez iba a ser diferente. Lo que no me imaginaba era cuán diferente.

Mientras lo hacíamos se acercaron Tiago y Flavia. Esta empezó a chapar a la prima (¿eran primas realmente? ¡Qué sé yo!). Le acariciaba los pechos y de pronto bajó una mano hasta el clítoris de quien hasta ese momento solo conmigo gozaba. “Alto trío”, pensé por dentro. Pero rápidamente se me cruzó por la cabeza: “¿Y el novio?” Al novio lo tenía atrás. Me masajeaba la espalda y poco a poco empezó a darme besos en el cuello. A esa altura del partido, sinceramente, mis prejuicios y condiciones heterosexuales ya estaban bastante borrosos.  ¡Imaginate si te vas a poner a pensar qué es el bien y qué es el mal en semejante situación!

Continuamos teniendo relaciones los cuatro en la piscina unos cuantos minutos. Ahora Mercedes estaba de espaldas mientras la penetraba con suavidad pero sin cobardía. Agarraba sus pechos y besaba a Flavia que a la vez masturbaba a su novio. Este último había empezado a meterme un dedo en el culo. Nunca me habían penetrado por allí. ¿Qué se sentiría? El chabón estaba evidentemente muy interesado en probarme. Hizo un primer intento y corrí el culo con disimulo. ¿Era necesario que para hablar de una “orgía” tengamos que estar “todes con todes”? Parece que sí, porque insistió. Finalmente, dije. “Bueno, me estoy cogiendo a la novia… voy a darle una satisfacción a cambio.” Me incliné un poco y le permití penetrarme. Fue bastante menos doloroso de lo que creí y bastante más placentero de lo que suponía.


No crean que terminó todo allí. Luego de que acabáramos, cada une en el orificio correspondiente y al tiempo que hubiere sido, fuimos a la habitación, en donde un poco a la fuerza me terminaron atando a la cama. Acá la cosa se puso más picante. Porque empezaron a jugar con mi cuerpo de un modo bastante sádico, infringiéndole pequeñas lastimaduras con elementos cortantes, punzantes. También comenzaron a quemarlo. En ese momento empecé a gritar dado que no me gustaba ya tanto nivel de agresión, ni me excitaba, cosa que a elles evidentemente sí. Me desataron y continuaron haciéndolo elles, mientras yo miraba. Cada une a su turno se dejó atar y humillar por el otre. El momento más asqueroso fue cuando Mercedes y Flavia defecaron sobre Tiago, que parecía enardecidamente excitado ante la situación. ¿Pueden creer que lo obligaron a comerse la caca? No aguanté más y vomité en un costado.

Nunca más volví a ver a este trío de chiflades. Pero cada tanto me masturbo pensando en la piscina. Nunca más volví a experimentar semejante goce. Excepto cuando escucho opera y tomo whisky. O también cuando pongo mi disco favorito y lo acompaño con el piano, después de haberme fumado unas buenas flores. Jamás sentí la necesidad de llevar el sexo hasta el extremo del dolor, ni propio ni ajeno. Pero tampoco juzgo a quienes así gozan, ya sea de manera sádica, masoquista o como fuere. Por lo demás, en el fondo, ¿quién de nosotres podría decir que, más allá de la práctica sexual en sí, nunca jamás amó de alguna extrañísima manera?


Todas las imágenes corresponden a Luis Royo con excepción de aquella en la que el cura se coge a la monja.

miércoles, 3 de junio de 2020

"Sentidos sentidos"



Gusto
He devenido una lengua insana
Que se desliza entre sabores esquivos
Y otros intensos, agrios, amargos
La dulzura de la vida no me empalaga

Vista
¿Qué veo en esos otros ojos que miran?
¿Qué miran esos mismos ojos que veo?
Devenir-ojo, mirada, ceguera
Alucino miradas de enjuiciamiento

Tacto
Me pica, me arde, me quema, me hela
Soy piel, erizada piel de invierno
Toco cosas que me rozan y pinchan
Me mojo las yemas con la gota de la muerte

Olfato
¡Humo! ¡Humo! ¡Ah!
Huelo la mierda del hombre
Sus vahos hediondos y su alquitrán
Perfumes inquietantes de mujeres solitarias  

Oído
Tambores lejanos, oníricos gritos
¿Quién es ese chirriante espectro que gime y ríe?
Un hang se mete en mi espíritu que llora
Junto al freír de un aceite que brama quejidos

martes, 2 de junio de 2020

¡In hoc signo vinces, papá!


*

Cuando me enteré de que el sindicato de Luz y Fuerza, en verdad, era la Fraternidad de Lucifer, nada volvió a ser igual en mi conciencia.

**

Estábamos caminando con Samuel una fría tarde de otoño por la playa de San Bernardo y, de golpe, sentimos el rugir de los motores en la lontananza de un horizonte opaco. Eran dos Mirage 5P de la Fuerza Área Peruana adquiridos por la Argentina cuando la guerra de las Malvinas a inicios de la década del ochenta.  
Pasaron como dos halcones con mezcla de león –por su rugir- y nos dejaron impactados por el choque que representaban en medio de un adormecido mar atlántico. Figura de poesía que no inspiró para escribir, luego, poemas bélicos de amor a una chica. Cada uno a la suya.  
Estábamos parando en el Hotel de la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza. Es decir, dormíamos en un lugar creado para los obreros de la energía, sin serlo nosotros.
¿Cómo fue que llegamos allí? Por un primo de Samuel, empleado de Edenor.

***

Cierta madrugada me levanté para ir a fumar un cigarrillo a la calle (sueños extraños no me dejaban dormir). Al llegar al hall del hotel, escuché una voz que decía: “In hoc signo vinces [con este signo vencerás].” Los empleados del lugar llevaban adelante una ceremonia esotérica, con tenues luces rojas, recitaban ditirambos a Lucifer mientras rociaban con sangre a un joven que yacía en el sitial de fuego. Sonaba metal argentino al palo. Y había un par de posters de Perón. Al salir a la vereda encendí el cigarro y vi en el paredón de enfrente el siguiente símbolo:


Y, a un costado, había otro que parecía ser su evolución:


Al día siguiente, decidí que, si iba a vencer con esos signos, entonces quería llevarlos tatuados en mi piel.

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Una vez que regresamos de la Costa Atlántica, caminando por Retiro con Samuel, decidimos parar a comprarle chipá a un paraguayo que laburaba como vendedor ambulante. Quise ir en busca del tren que va para el lado de Tigre, pero mi amigo me dijo que “tenía cosas que hacer”. “Entonces, le dije, aunque sea vayamos a tomar un vino junto al tótem de la plaza”, a lo que él contestó con una sonrisa tímida.

Sentados junto al tótem de la Plaza Canadá, tomamos vino de cartón y fumamos cigarrillos negros 43 70.


En esa época tenía mucha tristeza por ciertas pérdidas personales que me llevaban a deprimirme todo el día. Pero gracias a mis nuevos tatuajes, pude salir adelante. De la mano de V8 y de la Juventud Peronista (que sería como escuchar La Renga y militar en La Cámpora hoy en día). Y también gracias a mi amiguito Samuel, con quien nos la pasábamos recorriendo lugares nuevos de la ciudad y del conurbano, en busca de algún “filito”, de cocaína y de bandas nuevas de heavy metal.

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En San Bernardo, Samuel se compró una remera de Metallica. Siempre fue medio cipayo el pelotudo.


De cuervos y tricolores

  El cuerpo del Negrito Miguel fue hallado muerto y empalado con una zanahoria en las inmediaciones de la Villa Carlos Gardel. Aparentement...