sábado, 30 de noviembre de 2019

Siempre poesía, nunca impoesía




Estrellas procaces inundan tu habitación
Un hacinamiento de recónditas especulaciones
La marabunta mecánica salpica viento gris
Y verdes mariposas gimen extasiadas por doquier 

En bucle se repite la repetida repetición repetitiva
Repetidora cancelación de acciones y contrastes
En los efluvios de una exacción caníbal
Vuelves a maravillarte de la precocidad naciente

 


Médanos citadinos se confunden con ramblas
Y el cielo-mar de helicópteros azules lanza sonidos
Furiosos petardos truenan la conciencia como una radio
Que no para de sonar de madrugada: la fiesta empezó 

Ahora irás nuevamente a caer contra el techo
Y a caminar de costado cual cangrejo de río
Te crees inteligente por pensar la sombra
Pero es más bien la sombra la que te duerme



La chica desnuda de cinco piernas y tres senos
Muestra toda su aterciopelada boca de robot
NO LE TEMEMOS A LOS INFORTUNIOS
Mas, la virtud, hace tiempo que anochece lejos de aquí 

Quisieras que todo terminara o empezara
Tal vez no eres más que un futuro inacabado
¿Por qué esperar sentado cuando en realidad 
no existe nada como el firmamento?

Ese maldito ventilador de carne
Escupe hielo rojizo de madera opaca
Y sigues caminando, expectante 
La última vez que nos fuimos al bar

La candela de alucinaciones
Nos hizo ver cosas que…
Cosas que tú 
ya sabes

 

Métete la pluma en el pecho
Arrógate el derecho a callar
Ni animales ni cenizas pueden
Sentir piedad de tanta torpeza 
ALGO SUSPIRÓ EN TU HOMBRO DERECHO

viernes, 8 de noviembre de 2019

Poema: Padre




Aviones en la costanera con mates y una plaza
Detenerse al costado de la ruta para comer
Sanguchitos de tortilla de papa, y una espadita de madera para jugar

Jugar al fútbol en los bosques de Palermo, ir al Tigre
Que te lleven a la cancha a ver al ciclón
Y un asado en el club de periodistas allá en Moreno
Veranos en Mar del Plata

Sierra de la Ventana pero que abre puertas
¿El amor al padre es infinito? Qué sé yo…

Hoy estás grande, pá
Te quiero tanto, viejo
Te veo, te escucho, te acompaño
Cuando ya no estés, lloraré muchísimo tu ausencia
Y te extrañaré dolidamente

Pero hoy estás, hoy te escribo
Porque te tengo y saber eso me alegra un montón
Me pone contento y me dan ganas de abrazarte
Te deseo tranquilidad y una buena vida

Noviembre de 2019

domingo, 4 de agosto de 2019

GUIÓN DE CORTOMETRAJE




Nombre: Una historia incierta
Autor: Fernando Lynch
Lugar físico: Rutas y calles bonaerenses
Cantidad de actores: 6
Duración: 15 minutos
Cantidad de escenas: 4
Sinopsis: Secuencia de 4 escenas en donde se producen diferentes cuestiones ligadas al sexo, al misterio, a la delincuencia.












ESCENA 1
Una bella casa de barrio residencial con bajas luces desde afuera. Es de noche, casi no pasan autos (Cambio de plano). Un chico y una chica teniendo sexo con entusiasmo juvenil en el sillón de un living. Ambos con los ojos cerrados. Suena Spinetta de fondo. Acaban.
La chica se prende un cigarrillo. Se levanta cubriéndose los pechos con su remera. Abajo no tiene nada, pero la cámara la enfoca de espaldas. El chico revisa el celular. Se muestra preocupado. Finalmente suena el teléfono. Atiende. (Frena la música).
-       ¿Qué pasa, Turco? (silencio). No, yo no tengo ningún documento. Nunca fue mía esa moto. No sé de qué carajo me estás hablando (le corta).  
La chica aparece vestida. Se sienta al lado de él con una taza en la mano. No lo mira, clava su mirada en la silente televisión (están dando “Peter Capusoto y sus videos”). El chico va al baño, se oye que tira la cadena, pero la cámara continúa enfocando la mirada de la chica sobre la tevé, al ritmo de un café. Pasa un perro pero se oye el maullido de un gato. Un plano instantáneo sobre sus ojos. Otro plano instantáneo sobre su boca, tomando.
Al regresar el muchacho, inesperadamente, le da un golpe de revés en el rostro, ella cae al piso. Esta vez pasa un gato tricolor. Fin de la escena.

ESCENA 2
Campo. Dos jóvenes ensangrentados caminan por el borde de una ruta. Mucho sol, calor. Cada tanto tropiezan y miran hacia atrás, en busca de algún trashumante ocasional que se digne a recogerlos. La cámara enfoca la llanura, el cielo, realiza el plano de un ave ocasional que se retira. Chimangos.  
Finalmente un auto frena para levantarlos, pero justo uno de los caminantes se desmaya.
-       Pibe, ¿qué te pasa? – pregunta el señor del auto, al bajar. - ¿Estás bien?
Los muchachos no responden. Tratan de subir al auto como pueden. Lo logran.
Una vez en el auto, van en el más absoluto silencio, pese a los esfuerzos del conductor por lograr que digan algo. No hablan. El conductor los mira por el espejo retrovisor. Se oye que uno dice:
Piazzola en la ruta de los anodinos.”
Sucede algo totalmente inesperado. Se cruza un hombre disfrazado de tanguero con una copa de vino en medio de la ruta. El chofer clava los frenos. ¿Qué hace ahí? ¿Qué sucede?  

Escena 3
-       No, Turco. No sé… ¿Para qué vas a venir hasta acá? La agonía de los rechazados tiene un exceso que regresa como tempestad.

El muchacho camina de aquí para allá, cabizbajo. Saca un arma de un cajón, chequea que esté cargada. Se sienta en la cama. Mira para todos lados. La música marca un descenso, rítmico, sufriente. Es lo que se dice música contemporánea. Es una escena oscura, casi imposible de ser vista. Hay sonidos raros, antinaturales. Murmullos.
Suena el teléfono, una vez más. El muchacho duda si atender o no. Es el Turco, quien deja un mensaje en el contestador:  
Mirá pendejo. O te dejás de joder y me traés los documentos, o sos boleta. Las cosas se están poniendo cada vez más pesadas para vos. La piba te mandó al frente. El cuervo es el 1. El ciervo es el 3. Vos… sos el CERO.   
Silencio absoluto.
Regresa la música al cortometraje. Esta vez, suena Ac/ Dc.  El muchacho enfurecido pone su pistola en la cintura. La cámara lo enfoca desde afuera, saliendo del caserón. Es el anaranjado atardecer de un barrio como Haedo. Pájaros volando desordenadamente. ¿Hacia dónde van? ¿De qué se trata todo esto?

Escena 4
Los muchachos de la ruta manejan el auto. El chofer yace muerto en el asiento de atrás. En el asiento del acompañante va el tanguero, que ahora fuma una pipa. Persiguen una moto donde va el protagonista, que escapa. Mucho juego de luces ciudadanas. Por momento aparece el rostro del Turco, desde un plano mucho más cercano y onírico. Su cara es demoníaca.
El cortometraje finaliza con un accidente de tránsito donde el muchacho de la moto se ha estrellado contra un árbol.
La última imagen es la chica desnuda en una cama semi-tapada con sábanas blancas y un ventanal de cortinas claras que se balancean al ritmo de una suave brisa. Luz tenue. Un piano sutil adorna la situación. La cámara la enfoca desde dos ángulos. El segundo enfoque, en movimiento, recorre su cuerpo entero.   

FIN





       

lunes, 4 de marzo de 2019

RAMOS MEJÍA CITY TRASH



“La primera vez que me tocaron el culo, dice la señora de la Heladería, fue un cura a los trece años cuando me confesaba”
Ramos Mejía, Ramón gemía de goce pedófilo, colegios parroquiales donde el vampirismo intelectual  converge con la más impúdica sed de masturbación
Ascetismos diversos de garcas hijos de puta, que solo buscan el éxito de su basura fortuita
Van buscando cuerpos donde eyacular sus ideas de congelamiento, para que no renazcas, pregonan que no hay más que una realidad y que ésta es aquella en la que todos debemos caer
Toda alternativa es un desvarío, un delirio, una locura. Hay que matar-encerrar-violar-torturar lo diferente, lo que no cierra, lo que no encaja, al varón sin auto, a la mina sin tetas, al hombre sin razón, a la vieja sin dinero, al enfermo del pulmón, al rengo tuerto muerto, a los niños cadavéricos que piden moneditas y que oxidados caminan cabizbajos, ninguneados por la tropa del Head and shouders  y de la Prestobarba excel
“Niñes rubiecitos de la manito con otros rubiecitos van juntitos al colegio high”, desde donde aprenden a someter plebeyos, lacayos, donde se les enseñará que ellos son LOS AMOS DEL FUTURO, que nacieron para mandar, que TODO EN ESTE PAÍS DESDE SUBORDINARSE  a sus demandas, caprichos y satisfacción narcisista.
Cuál es su tropa?
Sus soldaditos son el kioskero gusano que ama Europa, el cerrajero torturador que te mata por $200 y el hijo que maneja como mucho tres neuronas, y que van de la mano con el peluquero nazi que si te descuidas te corta las bolas porque él atiende solamente a gente de bien, con la administradora a la que el portero le soba bien el orto y que va malcogida por el mundo llevándose por delante cuanta escoria se le cruce en el camino de su goce egocéntrico… porque ella siente que es una versión barrial de Susana Giménez y que se merece el trato de una diva total.
Dónde circulan las energías del terror?
En panaderías deluxe donde juntarse a tomar el te y tragar lechita, para que luego de salir del BASTARD FUCKS o Starbucks, ir todos juntos al Murder King o Burger King  para que nos piquen el seso, y pasar por DIM -que en ingles significa oscuro- y que es un centro que negocia, bolsillea, transa con tu Salud, imbécil,
te verás caer desde el precipicio de la zona negra, entregándole el culo a los tarifazos…
porque en el mundo del neoliberalismo macrista atroz, todos somos hormigas a ser aplastadas

domingo, 24 de febrero de 2019

LA MIRADA DE SANTIAGO




“Los ojos de Santiago se hicieron pura presencia a nuestro alrededor, como tema de conversación, como impulso para salir a las calles, como grito de reclamo, como búsqueda de una verdad lejana, oculta entre sombras.”

Revista Sudestada, N° 150

"Pasear por la calle con ojos que observan la ignominia, es importante e indespensable, en la medida que estos ojos causan miedo. Los ojos no hablan pero miran, no cantan tampoco. Miran el horror y causan miedo al horror."

LEO FERRÉ. 16 de Mayo de 1990

“Cuando hay un desaparecido, no es el desaparecido el que está desaparecido sino que somos todos nosotros.”

Sergio Blanco, dramaturgo

La intención de las siguientes líneas es pensar el caso Maldonado desde la perspectiva del psicoanálisis. ¿Qué podemos aportar a este respecto? Solamente una breve reflexión.  

Este 1° de marzo de 2019 se cumplirá un año y siete meses de la desaparición de Santiago Maldonado. El 17 de Marzo un año y cinco meses del “hallazgo” de su cuerpo –entrecomillamos la expresión debido a la dudosa situación de búsqueda y encuentro del cuerpo del joven.

Este tatuador oriundo de la localidad de 25 de Mayo, nacido el 25 de Julio de 1989, tenía 28 años cuando desaparece y muere en circunstancias dudosas o, quizá mejor dicho, en certera persecución brutal de parte de la Gendarmería Nacional. Todo esto en el marco de la represión a la comunidad mapuche en Pu Lof Cushamen.  

El primer significante que aparece a la hora de abordar el tema desde el discurso del amo es: RAM. O sea, terrorismo. Ese es el pretexto bajo el cual se despliega una violencia sistemática hacia la comunidad mapuche. Se trata de la clásica construcción de un enemigo interno, en miras de avalar lo peor. La persecución, la judicialización, el exterminio de lo que “no se adapta”, de lo que fastidia. Siempre es lo Otro, lo diferente desde el punto de vista de la horda fálica. Los pueblos originarios en este contexto, y en oposición a los ricos poderosos que pueblan nuestra Patagonia gracias a sus millonadas y contactos, son el síntoma a fulminar. En ese sentido, representan «lo femenino» como aquello a ser rechazado.   

Ahí aparece un muchacho como Santiago, un “hippie” como suele decirse irónicamente, un idealista quizá, que se involucra en una causa no ajena –porque estos pueblos defienden nuestra misma tierra, saqueada por el hombre colonial, el mismo de siempre- si no tal vez no tan propia, pero en definitiva se apropia, se agencia, se mete, se implica, se compromete. Se trata del elemento no-calculado por el discurso del poder, representa una contingencia sorpresiva en tanto viene alguien digamos “de afuera” (o de no-tan-adentro, es decir, un factor éxtimo). Un joven “blanco” pero rebelde, con conciencia social, miembro de la “civilización” no indígena pero solidario y empático con su causa. Alguien de quien se esperarían otros comportamientos, seguramente, más educados y adaptados a la realidad. Pero que desde su deseo, cuestiona y se cuestiona los privilegios dados al no-indio. Entonces, se mete, porque ve. Porque desde su mirada observa que algo, en este podrido mundo, no está bien.

El asesinato de Santiago Maldonado por parte del gobierno de Mauricio Macri –llevado adelante intencionalmente o no por Gendarmería, bajo las órdenes de Pablo Noceti y el conocimiento exacto de todo lo sucedido por parte de Patricia Bullrich- marca un antes y un después en la Argentina. Señala el regreso de la brutalidad, de la impunidad, de la ferocidad estatal. Señala el retorno del efecto “terrorismo de Estado”, como más no sea en una dosis ínfima. Es un anticipo de toda la salvaje represión que le siguió después. El neoliberalismo sin represión no cierra. Tampoco sin persecución, sin  enemigos internos, sin intimidación. Porque este tipo de episodios donde nada queda claro más que el horror, lo que buscan en definitiva es asustar a la sociedad, enclaustrarla en el silencio y la resignación.      

Pero la sociedad no se amedrentó. No tanto los ojos, sino la mirada de Santiago produjo un efecto causal terrible. Causó un deseo fenomenal de salir a reclamar por su aparición y por el esclarecimiento del hecho. Lacan vincula la mirada con el objeto a causa del deseo. Los objetos a son esos restos, esas nadas de real que caen como desechos en la constitución subjetiva restándose al Otro simbólico como tesoro del significante, es decir, no son representables ni especularizables. Son producto del recorte significante que el lenguaje traza sobre el cuerpo viviente. La erotización del niño conlleva una parcialización de su integridad en zonas erógenas donde estos objetos caen como restos desiderativos elevándose poco a poco a la categoría causal y situándose en esa estructura inconsciente que es el fantasma desde donde provocan el deseo. El objeto a es la reserva de libido que posibilita la separación del sujeto en tanto tal, a los fines de una alienación no-toda.

La presencia de la mirada de Santiago, primero en fotografías y después en todo tipo de pinturas, murales, remeras, etc., angustia en un tiempo 1, pero provoca en tiempo 2. Genera movimiento, provoca al sujeto a tomar posición la cual –como quedó demostrado en gran parte de la sociedad argentina- puede ser también la del más absoluto rechazo. Porque este tipo de crímenes que bordea el horror del delito de lesa humanidad despierta mecanismos renegatorios ante el propio goce secreto. Ese goce que no se quiere ver ni admitir, pero que se lee crudamente en los comentarios de las redes sociales. “Algo habrá hecho…” sintetiza la encerrona trágica de una civilización mortificada y connivente con la crueldad del Amo. Es pura lógica, puesto que se trata de la misma parte de la sociedad que elige a un perverso y sádico como Macri para que sea presidente.

El objeto a presente en la mirada de Santiago Maldonado, separa, divide, escande. A cada uno y a la sociedad misma, acentuando nuevamente esa famosa “grieta” de la que hablan algunos. El cuerpo de Santiago en el río… algunos argentinos de un lado y otros del otro. Al aparecer el cuerpo reaparece parte de nuestra propia carne. Volvemos un poco más en sí. Reaparecemos como sociedad. Pero no terminaremos de estar faltos y dolidos como no se sepa la verdad de lo sucedido y se mantengan impunes los cobardes culpables y sus apólogos. Incluidos los jueces que cierran o cajonean las causas.

Desde cada una de las representaciones artesanales del rostro de este artesano platense, allí continúa Santiago mirándonos, como agradecido por todo lo que fuimos y somos capaces de hacer desde nuestro humilde lugar por él al no condenarlo injustamente sino a tratar de saber la verdad de su defunción aún impune. Como agradecido por ser pensadores críticos y éticos, por movilizarnos y seguir teniendo sensibilidad por lo que le sucede al otro. Por haber estado ese día en la Plaza o aquel otro subiendo un video dónde decíamos dónde estábamos nosotros y nos preguntábamos por dónde estaba él. Quienes esperan Justicia hoy ya no es él, sino su dolida familia y también todos nosotros, los que permanecemos del lado del Río de la verdad y no de la negación. Todos nostrxs nos merecemos justicia y no impunidad, no más impunidad. Tarde pero llega. Es cuestión de saber esperar.  

La mirada de Santiago es una presencia hecha de una ausencia, una nada real que angustia por la eficacia simbólica a la que se anudó en el imaginario popular. Santiago ya no ve, pero mira. Mira el horror y causa miedo al horror. Y mirará eternamente hasta que los culpables de su muerte paguen las consecuencias de sus acciones y no queden impunes.  Recién ahí, coincidiendo con la cicatrización de la herida de sus dolos queridos, él podrá definitivamente cerrar sus bellos ojos y descansar en paz.

Buenos Aires, 24-2-2019         
    



lunes, 4 de febrero de 2019

Pesa-ladilla nocturna, entre Goya y Sigmund Freud





A Emanuel nunca le había gustado encasillarse en una tribu. Por eso, más allá de sus intereses estéticos, desde el punto de vista de su aspecto, no llamaba especialmente la atención ni portaba elementos o vestimentas que dieran cuenta de los mismos. Sus pensamientos se encontraban especialmente escondidos y sólo a determinadas personas les contaba lo que realmente opinaba o sentía.  

Emanuel se decía satanista por haber comprado la “Biblia Negra” de Szandor LaVey en la galería Bond Street. A esta lectura, sumaba música oscura como ciertas bandas de black metal del estilo de Dark Funeral. Este joven de veinte años del barrio de Merlo, estudiaba Filosofía en la UBA (en realidad, estaba haciendo el CBC en Puán).  

Era época de primeros parciales. Tenía que rendir la materia Filosofía propiamente dicha, lo cual se suponía que era una evaluación obvia y sencilla para los alumnos de la carrera. Si bien no estudiaba mucho, puesto que se encontraba abocado a lecturas esotéricas y espiritistas, de todas maneras, era un muchacho inteligente, con cierta capacidad de argumentación y recursos lingüísticos por encima de la media.

Aquel lunes del mes de Mayo, bajó del tren Sarmiento en la estación de Caballito alrededor de las 12:30hs, es decir, apenas pasado el mediodía. Era un día soleado, con pocas nubes y se sentía una brisa suave que acariciaba el rostro de manera sutil. Emanuel iba con su mp3 a todo volumen y no vio el auto que, a toda velocidad, pasó a escasos centímetros de su pie izquierdo allí, en la calle Yerbal.
“Qué boludo” pensó. Exactamente lo mismo que le grito el conductor del palio rojo, modelo 99, patente LSD 666.

Siguió caminando y encendió uno de esos cigarrillos armados que tanto le agradaba disfrutar. Este en especial, estaba mezclado con marihuana. Al llegar a Rivadavia, y justo luego de pasar por debajo de una escalera, un gato negro se cruzó en frente suyo. Maulló, le echó un vistazo y desapareció de su vista casi como un roedor, más que como un felino. En ningún momento nada de todo esto llamó su atención. Ni siquiera el hecho de que al terminar de cruzar la avenida, casi mágica e imprevisiblemente comenzará a llover.

No alcanzarían las palabras para relatar todo lo que fue sucediendo entre el trayecto de la estación de tren y la Universidad, más exactamente, la sede de Filosofía y letras en Puán 480, Caballito. Desde el suicida del quinto piso del edificio de la Avenida Alberdi hasta la vieja ladrona de frutas en la verdulería por la que siempre pasaba y que entró en conflicto con un policía de la Federal. Nada lograba llamar verdaderamente su atención. Tampoco los motochorros del CG 125 azul que portaban una careta terrorífica y gritaban cosas inentendibles. Ni toda la marcha sindical que transitaba por Pedro Goyena, a las puteadas.

Llegando a la facu, un hippie de los que venden libros en la vereda, casi cansado de la distracción en la que transitaba este pibe, lo tomó de la remera y lo sacudió hablándole en alemán. Tenía los ojos rojos y furiosos como los de Satán. Le enterró un sahumerio en el oído derecho y se quedó pasmado viendo como el humo le salía por la nariz. Chicas estudiantes lo desnudaron y algunas mearon su cabeza. Removieron el cuerpo hasta el patio y seguía lloviendo. Su alma fue hasta el aula del piano y a todo esto el día se había vuelto noche. La Facultad era como su Secundario y los compañeros eran a la vez parte de una cofradía secreta. Su padre-cabra leyó frases en voz alta desde un ascensor que flotaba sobre el famoso árbol de Puán. Se hizo viernes festivo, quemaban apuntes, comían profesores, todo era una orgía de saberes universales. Las llamas del infierno ardían en Puán. Todo era muy Puán. Demasiado Puán. Zaratustra escabiaba con Hegel, Don Juan y Castaneda fumaban un “nevado” en el pasillo del segundo piso. Regresaba su alma de tocar el piano y él subía sonámbulo (¿cuándo se durmió?) hasta una terraza que para los demás no existe.

El examen fue bastante fácil. Lo internaron a los meses en un Psiquiátrico de la Av. Warnes, por la zona de Agronomía. Se hace llamar EL ÁGUILA AUTOGENERADA POTENCIALMENTE SAGAZ. Parece que se hizo filósofo antes de tiempo...
Febrero de 2019    

domingo, 27 de enero de 2019

Just walk




Juan Pedro creía que las cosas eran solamente de dos maneras: buenas o malas. Sufría mucho por eso. Varias personas le habían sugerido, amablemente, que comenzara a registrar los matices. Que la vida no es ni color de rosa, ni oscura. Al menos no sólo. Y no siempre.

Ya sus amigos estaban lejos, sus chicas eran parte del pasado y, el presente, se reducía a contactos virtuales con “contactos” a los ni siquiera conocía. Se preguntaba en qué se había convertido su vida si hacía apenas unos años todo en su rutina era salir con este o con aquel, transar con la de más acá y coger con la de más allá. También se acordaba de su amiga Celeste, con quien compartía largar charlas de cine o de libros. La echaba de menos, desde que ella tuvo que irse a vivir a Pinamar.

Una tarde de verano decidió salir a caminar. Al mejor estilo flâneur bonaerense. La otra opción era el enclaustramiento, quejarse y deprimirse. Agarró los cigarrillos y salió al mundo en busca de sí mismo.     

De cuervos y tricolores

  El cuerpo del Negrito Miguel fue hallado muerto y empalado con una zanahoria en las inmediaciones de la Villa Carlos Gardel. Aparentement...