miércoles, 19 de agosto de 2020

"La misma otra galaxia. El otro mismo yo"

 


1

Todo siempre comienza con un oráculo, un presagio, una premonición. La aparición de un cuerpo sin vida, el enigma del crimen, el misterio de la maldad. Es el mensaje que recibo en mis sueños… veo arbustos, un río, un esqueleto sin brazos, ni carne, ni dientes. El trauma como un núcleo oscuro que emana sentidos, fantasmas, imágenes del horror. En cierto sueño reiterado, camino por un túnel ferroviario y, a mitad de camino, miro el techo y veo la huella de barro de una zapatilla cualquiera. El músico callejero llamado Nahuel me dice: “el hombre mosca”. Nos reímos. Nunca he ido hasta el túnel a comprobar si el músico y la huella existen en la vida despierta. Tal vez sea por sensatez. Quizá sea por miedo…

2


Me levanté temprano aquel día. Agarré el prospecto de la caja y leí: El insomnil® puede ocasionar conductas de sueño graves o que ponen en peligro la vida. Me quedé pensando un momento. Continué leyendo: Algunas personas que tomaron insomnil® se levantaron y condujeron sus vehículos, prepararon y comieron alimentos, tuvieron relaciones sexuales, hicieron llamadas telefónicas, caminaron dormidas o participaron en otras actividades mientras no estaban completamente despiertas. Me preguntaba si, acaso, eso no describía el estado común de gran parte de la población. Es decir, si acaso no vive la gente continuamente narcotizada, actuando bajo hipnosis, en “piloto automático”, yendo por la vida como verdaderas máquinas programadas. Proseguí leyendo el prospecto: Después de que despertaron, estas personas no pudieron recordar lo que habían hecho. Y por último, una advertencia: Deje de tomar insomnil® y llame a su médico de inmediato si descubre que ha estado conduciendo o haciendo algo inusual mientras estaba dormido.   

 

3

Un rato después, esa misma mañana, me puse a leer el diario: “Astrónomos detectaron una galaxia similar a la nuestra: está a 12.000 millones de años luz y fue observada desde el telescopio LSD-365n.” Era un espléndido día de sol, razón por la cual me sorprendió escuchar un trueno. ¿Habrá sido el producto de mi imaginación? No era la primera vez que alguna extraña coincidencia, una inusitada sensación o un hecho completamente ilógico acudían a visitarme. En cierta forma, ya estaba acostumbrado. Decidí prepararme una taza de café, tomar mi notebook y marcharme hacia la oficina. Me haría bien despejarme un poco. Salir a caminar, escuchar los pajaritos, mirar algunas chicas. Encender un cigarrillo y poner la radio en el celular. Todo eso me centraría y haría que me olvidase de mis problemas para dormir, de las rarezas insistentes y de la existencia de una galaxia paralela.

 

4


Pero no fue así. Al llegar al edificio de la calle Paraná, una multitudinaria marcha de empleados públicos me impidió ingresar e hizo que tuviera que optar por confinarme en una confitería cualquiera. Una vez sentado, me pedí un agua sin gas con una porción de tarta de jamón y queso. El volumen de la televisión estaba muy fuerte. Al oír la noticia, inmediatamente me estremecí. Habían encontrado el cuerpo de una jovencita en un basural. No pude evitar pensar en mis sueños. ¿Será que los productos oníricos nos conectan con una verdad secreta, que no queremos ver pero que allí está? Una verdad insabida. Abrí la computadora portátil y me disponía solicitarle la clave wifi al mozo, cuando nuevamente apareció la noticia de la galaxia símil a la nuestra. “Los avances de nuestro último telescopio LSD (el 365n más moderno que el 365 advance) han permitido detectar dentro de la galaxia así denominada vía láctea –por su semejanza a una mancha de leche en el espacio– un sistema solar harto singular, extremadamente semejante al nuestro, en donde encontramos un Sol en derredor del cual giran cierta cantidad de planetas. Lo más llamativo y esperanzador de estos hallazgos, es el descubrimiento de un planeta al que se denominó Tierra (tercero en su posición de cercanía al Sol), puesto que se conjetura la presencia allí de seres inteligentes semejantes a nosotros o a los nosotros nos podríamos asemejar, dependiendo de dónde se mire la cuestión.” Me quedé perplejo. En mis cuarenta años de vida, había dudado de muchísimas cosas, pero jamás de ser un terrícola de la susodicha vía láctea. Esa era mi verdadera galaxia. Ahora comprendía muchas cosas. Mi dificultad para dormir en esta galaxia, la irrupción de elementos cotidianos sin sentido para alguien que pertenece a otra galaxia, el poder de adivinación onírica. Tal vez un terrícola podría tener la habilidad de la telepatía en una galaxia ajena a la propia o desarrollar otras capacidades. Busqué en Wikipedia rápidamente dónde me encontraba y descubrí habitar un sistema solar perteneciente a la galaxia SPT0418-47. Pero, ¿en qué momento empezó a transformarse mi mundo sin que me diese cuenta?

5

Los agentes especiales Fox Mulder y Dana Scully, ingresaron a la confitería y se aproximaron a mi mesa en silencio. Me mostraron su credencial de COMUNIDAD COTO y la tarjeta de descuentos del supermercado DIA% y pidieron que no hiciera ningún tipo de locura. ¿Qué podía hacer o hacerles un simple terrícola a 12.000 millones de años luz de su verdadero hogar? Mulder sacó de su sobretodo de detective un aparato extremadamente moderno, de características jamás observadas por mí y proyectó un holograma 3D que reproducía una filmación memorizada en el dispositivo. Era yo mismo robando frutas de distintos lugares, saltando por los techos, pegándome a las paredes. Todo transcurría durante las madrugadas. “El viaje interestelar modificó su ADN y, en el camino, parecía haberse condensado con el de una mosca.”, dijo Scully. Inesperadamente, el holograma se perturbó, ante la sorpresa de los agentes y emergió allí el Indio Solari 3D. Con su característica voz rocanrolera me dijo: El futuro llegó hace rato. Vamos por ti, mi amigo…     

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