miércoles, 27 de septiembre de 2017

Dos poemas*


Un tuerto para mi parche

Escupitajo de hielo abisal, retornando del desmadre
El estómago, ¡Bah! ¡Maldito concilio de ácidos!, regurgita
El deseo no es ni el odio, ni el miedo, ni la libertad
Sólo este fatídico viernes de pocilgas andrajosas

Correr como loco, emborrachado, el pendejo bondi
Luego de establecer cincuenta conversaciones distintas
Que reflorecen en tintas ahora que yazco tranquilo
(El recuerdo no necesariamente es el justo-exacto)

Hay un profundo asco en todo esta berreta juntada
Somos como caníbales pretendiendo figurar entre morsas
De algún videojuego para Síndromes del Imperialismo
Sofocados por el pánico burdo que nos retrotrae un sinfín

Ahora estamos todos atentos a la siguiente palabra
Y a la que viene, y ahora, y entonces, mas luego
Pero el sentido prometido nunca llega a realizarse
¡Vana espera la del oyente comprensivo; nada hay que comprender!

No escribo recetas médicas, noticias o peritajes policiales
Esto no es un plan arquitectónico o una fórmula química
Esto no es esto, ni lo otro, mucho menos EL OTRO
Esto es yo-siendo, abstractamente materializado en mi decir

Toda mi inmundicia al servicio de tu ojo impúdico
Que recorre mi médula, mi vértice favorito, la espina
Quisieras hundir tu mugroso dedo-aguja en mi culo/volcán
Lo sé, cerdo del CAPITAL ACUMULADO, lo sé mejor que tú

Pero ni siquiera rimando estrofas podrías hacer que te escuche
Porque la dilación del ser que no está, pronto deviene
En tu estrepitosa caída, tu perra noche oscurecida, de un cuerpo inerte ya defecado
Ahora sí: Formemos el color del iris, quememos las mechas de la perdición que transita

Seamos parte de la aurora bo-real o bi-real… esa que parte la realidad al medio

Ramos Herejía, 2017


 
  Dos realidades

El espejo es la metáfora del sujeto
Un doble yo, afirmado ahora, en este tiempo pero no en este espacio
Porque del otro lado del fino límite especular, yace el otro
Ese que no siendo del todo mi ego, tampoco es tan ajeno a mí

¿Y cuál su tiempo, de tenerlo? ¿Será la detención del tiempo?
Metafísico seguro, aunque no sé si trans-temporal
Pura superficie de puntos ópticos, físicos, que se proyectan
Idealmente una forma redonda, sin huecos, hiancias, ni gangrenas tumorales

Ese mi no-yo, se amaca en la Plaza de la infancia perdida
Carece de tiempo porque carece de sorpresa, padece el horror
El terror, el lleno, compacto, la completitud de lo esférico
No muere porque nunca vivió, ni vivirá más que como reflejo

¿Has tu llegado a salir del ESPEJO que te sujeta?
¿O todavía eres la sombra de ti mismo, ese proto-ser irrealizado?
¿Estás de este lado o de aquel? ¿Cómo saberlo?
Es simple: de este lado, nos angustiamos, no nos alcanza el sueldo y reímos

EL GRAN BUENOS AIRES, SEPTIEMBRE DE 2017  

lunes, 11 de septiembre de 2017

POCIONES DEL CIELO ANARANJADO

Pociones del cielo anaranjado


Me propongo relatar un fragmento de existencia. Quizá tan sólo una semana, o menos que eso, un día de la vida de algún@. Por qué no unas breves horas… antes de morir. O el momento exacto donde su amado partió para jamás regresar. ¿Puede un sutil escombro de realidad ejemplificar el recorrido entero de esa subjetividad toda? Acaso sí, acaso no. No estoy aquí para confirmar especulaciones sagradas, ni para desplegar conjeturas imposibles. Tal vez sea más divertido – y enriquecedor – narrar sin metas, desde un lugar no teleológico, vagar errante por las líneas que se ofrezcan, pero sin perder ese mínimo y primer eje; decir sobre un sujeto. Apelar a la memoria, cuál será nuestro método, inventar lo que nunca fue, mezclar vivencia con fantasía, articular pasado/derrotado con futuro/prometedor. O enunciar el presente, seco. Opaco, casi mudo, vacío, silente, lento. Relatar algo que está por suceder en alguna parte o en ninguna más que en nuestra imaginación infinita. O describir lo que va siendo en acto, a medida que un protagonista elige por dónde irán sus pasos, sigilosos pasos de homicida, crueles muecas de psicópata, desanimados pensamientos de enamorado, ilusiones rosas e infatigables de niñita amante.

Todo esto es una basura. No es más que un agónico preámbulo de un escritor cadavérico. Que, en verdad, ya ha empezado a hablar de sí mismo, de su intencionalidad, de sus trabas intelectuales, de sus falsas preocupaciones por abordar seriamente un tema. Soliloquio masturbador que reproduce goce mental, peligrando al lector líquido. Liquidez detestable la de hoy día, prostibular e incestuosa, donde los escritores parecen bacantes y la Literatura su gran ramera. ¿Qué más da? Si a fin de cuentas, en el tormento de la lengua estamos todos y queremos parir-nos, aflojarnos de ese bicho afectivo que nos corroe. Escribir supone un ejercicio de auto-nacimiento. De rememoración, trabajo psíquico de duelo-pérdida de algún yo pútrido, que necesitamos desahogar, dado que lo creemos vetusto objeto presto para ser arrojado al tacho de residuos inservibles. Mantenerlo es demasiado costoso y corremos el riesgo de volvernos esquizoides (como si no lo fuésemos un poco, por cierto).  
Recuerdo un sueño. Será este un primer material para descomprimir las ganas. Plena Avenida del conurbano, antigua morada de los vagos juveniles, y en el centro dos luchadores marciales libran terca batalla, innecesaria, por puro prestigio y agresividad, con armas orientales. Ninguno cree que el otro será capaz de… hasta que un tercero se vuelve valiente y lo hace. Sangre, no mucha. Un poco. Lo suficiente para que el soñante se angustie. Muerte, ¿deseo? ¡Por qué desear que alguien muera! Opino que lo que fallece es ese EGO del que hablé hace un rato. La propia violencia dirigida contra sí misma, termina por matarla, y deviene no-violencia, paz, pacto de palabra, crecimiento humano, ético, crítico. Asesinar al nene caprichoso que se lo buscó implica toda una lección. Tener coraje para ir por la vía de la Ley que involucra hablar de las cosas, evitando la acción directa.

Entre. Nuestra vida transcurre mucho tiempo así. Ir de vereda en vereda, cruzando tarados con carritos de bebes, cirujas, perros sueltos, qué hacer al caminar. Ir tranquilo – lo que más cuesta. Patrulleros vigilantes detienen sospechosos vagabundos. Las señoras del barrio se amurallan tras las rejas, los alambres electrificados. Nadie voto a Macri pero a la vez sabemos que lo votaron todos. Mi barrio es bastante burgués y superficial. Predomina esa necesidad de sentirse superior al resto, “a la gente”. Soy de la república separatista de Ramos Mejía, esa parcela matancera neoliberal y derechosa. Por ahí debe de andar algún peronista olvidado. El kirchnerismo es mala palabra. Corruptos, ladrones, lo peor de lo peor. Yo soy K. No tengo vergüenza ni miedo en decirlo. Sucede que no miro TN [todo negativo], ni leo Clarín, por que miente. Provengo de una familia trabajadora, hijo de padre periodista, gran lector, hincha del Ciclón, amante del asado y el buen vino. Un tipo abierto a lo desconocido, que me enseñó a pensar críticamente, a ver las cosas en toda su complejidad, sin creerse el amo absoluto de la verdad y preñado de un buen humor envidiable. Madre ama de casa, uruguaya, devenida empleada doméstica a consecuencia de la crisis social del 2001. Una persona fuerte, tenaz, incondicional, pero a la vez terca, obstinada, demandante. Pese a su origen socioeconómico, una mujer más bien conservadora. Por momentos, de mucho silencio acerca de su pasado, como si ocultara algún secreto desagradable sobre sí o sobre los suyos. Dificultades para elaborar lo que pasó. Un hombre, en cambio, más apostador e inteligente. No sin sus defectos, desde luego, sin sus faltas/fallas. Tampoco el inicio de siglo fue fácil para él. Se deprimió a su manera, estando molesto durante una década, hasta que logró revertir esa satisfacción pulsional en la que uno puede caer ante los imponderables de la existencia.

Acróbata mujer treintañera. Al ritmo de mi acústica improvisación, seduce miradas ocasionales trepando una tela. Su cuerpo es un vaivén zigzagueante, nauseabundo y sensual, que se acompasa al sonar de este arpegio ancestral donde cada maravillosa nota golpea en su lomo y la hace gemir de resonancias. Languidece el deseo si no media una comunicación mínima, no ideal sino profunda, no de carácter metafísico, trascendente o ni siquiera dialéctico, intenso, poderoso, corporal, terrenal, materialista. Es por eso que, estoy convencido, es muy importante que antes de desplegar nuestro acting, transitemos algo – un esbozo – de intimidad. Charla y sexo. Cenas, pláticas y cogidas. Las marabuntas del terror son hormigas enemigas que acechan por lo bajo del yo consciente. Reaparecen en dolores y problemas, como termitas dérmicas que estropean el torrente del placer. Sé que trabajan duro por complicarme el acto. Hablan a mis espaldas, caminan por mis venas y a veces salen a la superficie (durante las noches de mayor cansancio). No estoy muy seguro de su color, si es gris o azul. Sólo sé que aunque parezcan diminutas, en la dimensión paralela son ingentes, cual montañas de la mismísima cordillera. Me pregunto si esta joven de Castelar que ahora vive en Constitución – barrio nocturnamente infernal -, no será tan sólo una de estas. O su Reina. ¿Y yo mismo no seré también un pobre diablo o, mejor, un Diablo pobre? Un demonio decaído, arrastrado entre afantasmados caminantes taciturnos, de poca valía, mañoso pero febril, impúdico aunque impedido.      

 
La Matanza. Setiembtre MMXVII

De cuervos y tricolores

  El cuerpo del Negrito Miguel fue hallado muerto y empalado con una zanahoria en las inmediaciones de la Villa Carlos Gardel. Aparentement...