A
Emanuel nunca le había gustado encasillarse en una tribu. Por eso, más allá de
sus intereses estéticos, desde el punto de vista de su aspecto, no llamaba
especialmente la atención ni portaba elementos o vestimentas que dieran cuenta
de los mismos. Sus pensamientos se encontraban especialmente escondidos y sólo
a determinadas personas les contaba lo que realmente opinaba o sentía.
Emanuel
se decía satanista por haber comprado la “Biblia Negra” de Szandor LaVey en la
galería Bond Street. A esta lectura,
sumaba música oscura como ciertas bandas de black metal del estilo de Dark
Funeral. Este joven de veinte años del barrio de Merlo, estudiaba Filosofía en
la UBA (en realidad, estaba haciendo el CBC en Puán).
Era
época de primeros parciales. Tenía que rendir la materia Filosofía propiamente
dicha, lo cual se suponía que era una evaluación obvia y sencilla para los
alumnos de la carrera. Si bien no estudiaba mucho, puesto que se encontraba abocado
a lecturas esotéricas y espiritistas, de todas maneras, era un muchacho
inteligente, con cierta capacidad de argumentación y recursos lingüísticos por
encima de la media.
Aquel
lunes del mes de Mayo, bajó del tren Sarmiento en la estación de Caballito
alrededor de las 12:30hs, es decir, apenas pasado el mediodía. Era un día
soleado, con pocas nubes y se sentía una brisa suave que acariciaba el rostro
de manera sutil. Emanuel iba con su mp3 a todo volumen y no vio el auto que, a
toda velocidad, pasó a escasos centímetros de su pie izquierdo allí, en la
calle Yerbal.
“Qué
boludo” pensó. Exactamente lo mismo que le grito el conductor del palio rojo,
modelo 99, patente LSD 666.
Siguió
caminando y encendió uno de esos cigarrillos armados que tanto le agradaba
disfrutar. Este en especial, estaba mezclado con marihuana. Al llegar a
Rivadavia, y justo luego de pasar por debajo de una escalera, un gato negro se
cruzó en frente suyo. Maulló, le echó un vistazo y desapareció de su vista casi
como un roedor, más que como un felino. En ningún momento nada de todo esto
llamó su atención. Ni siquiera el hecho de que al terminar de cruzar la
avenida, casi mágica e imprevisiblemente comenzará a llover.
No
alcanzarían las palabras para relatar todo lo que fue sucediendo entre el
trayecto de la estación de tren y la Universidad, más exactamente, la sede de Filosofía y letras en Puán 480,
Caballito. Desde el suicida del quinto piso del edificio de la Avenida Alberdi
hasta la vieja ladrona de frutas en la verdulería por la que siempre pasaba y
que entró en conflicto con un policía de la Federal. Nada lograba llamar
verdaderamente su atención. Tampoco los motochorros del CG 125 azul que
portaban una careta terrorífica y gritaban cosas inentendibles. Ni toda la
marcha sindical que transitaba por Pedro Goyena, a las puteadas.
Llegando
a la facu, un hippie de los que venden libros en la vereda, casi cansado de la
distracción en la que transitaba este pibe, lo tomó de la remera y lo sacudió hablándole
en alemán. Tenía los ojos rojos y furiosos como los de Satán. Le enterró un
sahumerio en el oído derecho y se quedó pasmado viendo como el humo le salía
por la nariz. Chicas estudiantes lo desnudaron y algunas mearon su cabeza. Removieron
el cuerpo hasta el patio y seguía lloviendo. Su alma fue hasta el aula del
piano y a todo esto el día se había vuelto noche. La Facultad era como su
Secundario y los compañeros eran a la vez parte de una cofradía secreta. Su
padre-cabra leyó frases en voz alta desde un ascensor que flotaba sobre el
famoso árbol de Puán. Se hizo viernes festivo, quemaban apuntes, comían
profesores, todo era una orgía de saberes universales. Las llamas del infierno
ardían en Puán. Todo era muy Puán. Demasiado Puán. Zaratustra escabiaba con
Hegel, Don Juan y Castaneda fumaban un “nevado” en el pasillo del segundo piso.
Regresaba su alma de tocar el piano y él subía sonámbulo (¿cuándo se durmió?)
hasta una terraza que para los demás no existe.
El
examen fue bastante fácil. Lo internaron a los meses en un Psiquiátrico de la
Av. Warnes, por la zona de Agronomía. Se hace llamar EL ÁGUILA AUTOGENERADA POTENCIALMENTE
SAGAZ. Parece que se hizo filósofo antes de tiempo...
Febrero de 2019

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