Juan Pedro creía que las cosas
eran solamente de dos maneras: buenas o malas. Sufría mucho por eso. Varias
personas le habían sugerido, amablemente, que comenzara a registrar los
matices. Que la vida no es ni color de rosa, ni oscura. Al menos no sólo. Y no
siempre.
Ya sus amigos estaban lejos, sus
chicas eran parte del pasado y, el presente, se reducía a contactos virtuales con
“contactos” a los ni siquiera conocía. Se preguntaba en qué se había convertido
su vida si hacía apenas unos años todo en su rutina era salir con este o con
aquel, transar con la de más acá y coger con la de más allá. También se
acordaba de su amiga Celeste, con quien compartía largar charlas de cine o de
libros. La echaba de menos, desde que ella tuvo que irse a vivir a Pinamar.
Una tarde de verano decidió salir
a caminar. Al mejor estilo flâneur bonaerense. La otra opción
era el enclaustramiento, quejarse y deprimirse. Agarró los cigarrillos y salió
al mundo en busca de sí mismo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario