domingo, 5 de abril de 2015

“Navegando la bochornosa ciudad…” (*)



Vamos en una enorme balsa
Aproximadamente veinte mortales
La balsa está imposiblemente inquieta

Gira, sube, zigzaguea, se detiene
¿Cómo puede detenerse un
navío en el medio del río?
Sucede que esta balsa es
Misteriosa

Luego de pronunciadas curvas
Asoman lejanamente unas
Quebradas, el río se calma
Barrancas y pino, más allá

No digo que no puedan coexistir
La estepa y un rascacielos
De hecho, es lo que estamos
Viendo

A esta altura ni sé sobre qué vamos
¿Un lodazal? ¿Caracoles disecados?
¿Lombrices aceitadas que moribundas se anudan
borromeamente (y no)?

Pero no falta mucho para
Que todos nos estrellemos
Contra nada, ni siquiera
´la nada´
Nada

El más ausente de sentido
vacío radical

Pero no exageremos tanto
Atenuemos esa pretenciosa
Voluntad-de-tragedia

Bajamos del navío embravecido
Y ahora estamos nadando
Intentando, a fuerza de brazos, manotear
La deseada costa, la tan
Deseada costa

Luego, nos detendremos
Para almorzar unas
Zonceras y nimiedades

Habrá que aprender a ´estar´
¿Qué es ´estar´ a diferencia de ser o existir?
Que existimos únicamente en el plano mental, como
Reflejo de un eterno pasado

En cambio, ´estamos´ en el movimiento y en el intercambio
Con los otros, con la otredad
Estar es estar-junto, resistiéndole al vacío innombrable
De la más verdadera soledad

El verdadero poeta quizá
Sea ese que nos provoca
Lástima y esperanza a la vez
Ese que encara lo que la mayoría
Busca callar


Buenos Aires, Marzo 2015
(*) Redactado en un colectivo de la línea 92,
rumbo a Plaza Francia.

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