Introducción
Estamos
en el Año 2015 en la República Argentina, país de desmemoriados con propensión
fácil hacia el aburrimiento, el cansancio y la “crisis”. Este escriba, esbozará
algunas líneas desde el Partido de La Matanza, en la localidad de Ramos Mejía. Su
mirada no será inocente, ni ingenua, tampoco hará concesiones al sentido común.
El eje del texto siguiente es el interrogante respecto de por qué gran parte de la sociedad apoyaría desde su lugar de ciudadano,
una propuesta tan alienante, retrógrada y antipatriótica como lo es el macrismo.
A
este respecto, pueden traerse a colación muchas conjeturas. No pretendo abordar
exhaustivamente el asunto sino tan sólo poder problematizarlo, dando lugar a nuevas
preguntas o, por qué no, a nuevas conjeturas puestas al servicio del
pensamiento crítico. Que es siempre un pensamiento
abierto.
Identificación vertical (con
el Otro idealizado)
Principio
retomando una idea que esbocé allí por el año 2006 en un artículo que no vio la
luz, lamentablemente, a través de la publicación Patrañas del deseo que pertenecía al MST y a otros estudiantes
independientes de Psicología. En dicho artículo, hablando de la masiva
convocatoria del célebre señor Blumberg – cuyo discurso, en una aproximación
algo precipitada, podría diagnosticarse como un verdadero delirio de reivindicación -, se me ocurría utilizar la idea de una “identificación
vertical” para hacer referencia a esa clásica alienación a aquel al que se le
supone un saber/ poder/ tener
especial. La clase media de cierto poder adquisitivo, para creerse (y sentirse) diferente de la clase obrera
y/o del sector desocupado (o sostenido estatalmente, rasgo sumamente execrable
para el ciudadano “productivo”, es decir, para “la gente como uno”), se
auto-representa como compartiendo valores, pensamientos, un discurso, prácticas
y/o habitus específicos de los
sectores aún más “adaptados”, dominantes y poderosos. Pienso en el caso de un
paciente que en su primer entrevista de consulta habla de lo “Premium”, de lo
“re-pro”, significantes que hacen remitencia a algo elevado, enaltecido y
discriminado de lo otro, de lo degradado. Es decir, a partir de ciertos usos
lingüísticos, el sujeto de la enunciación se desentiende del “pobre”, del
“mediocre”, por ejemplo, o inclusive de su misma hechura laburante, situación
patética donde se reniega la propia historia co-fundiéndola con la historia de
los otros idealizados, círculo al cual se quiere pertenecer.
Lainseguridad
“Estos
neg*** de mier**”, frase clásica que se puede oír hasta en sujetos de clase
humilde. Otra bastante común: “Estos sólo quieren planes sociales…”. Lo indignante
de estas aseveraciones no pasa por un cuestionamiento del contenido en tanto
tal (netamente fascista), sino por la profunda invisibilidad en la que quedan una cantidad impresionante de
violencias, expropiaciones, transas y negociados que, llevándose adelante a
espaldas de la opinión común, sostienen una estructura a la que podemos definir
como “el sistema” y que genera precisamente lo que busca generar: que el foco
esté puesto en otro lado. La monotonía del significante inseguridad, como caballito de batalla de los pensadores más
conservadores pero transferido de la opinión privada a la opinión pública, aburre
por su insistente y casi fetichizada presencia. Jamás se interroga por a qué
llamamos inseguridad. No creo que las
“salideras” o “entraderas” sean los únicos modos de “inseguridad” factibles. Que
haya gente que no tiene para comer, o que tenga que aceptar empleos basura (en
negro, con amenaza permanente de despido y demás condimentos), ¿no entraría
dentro del término “inseguridad”? ¿Tampoco que se cierren centros culturales,
asilos psiquiátricos o que se prevea un ajuste generalizado directo hacia el
bolsillo del ciudadano común? Ni qué hablar del atentado directo contra la
hechura nacional a partir de la apertura de puertas a la industria masiva,
imperialista y omnipotente del productor extranjero. Nueva amenaza de
colonización cultural a partir de la incidencia de significantes y significados
novedosos y dominantes. Pauperización de lo significativo para cada comunidad. Avance
de la globalización en el peor de los sentidos: que todos seamos Uno, es un
verdadero empuje-hacia la
supeditación en calidad de objeto de goce del Otro. ¿Campaña del miedo? El miedo es una defensa del sujeto frente a
lo siniestro.
Pelear con los efectos
Retrógradamente,
se pelea con los efectos, es decir, la inseguridad como consecuencia de la
pobreza (no sólo material sino también de valores y de afectividad), como
corolario de la forclusión de ciertas
subjetividades, es tomada como un hecho en sí mismo y que hay que suprimir. La
noción psicoanalítica de síntoma en
este punto aportaría muchísima luz al respecto. El síntoma es el retorno de lo
reprimido, combatir el efecto es desconocer que tiene sus razones. Decir que la
pobreza es “estructural” – Mariano Grondona dixit
– es justificar la desesperanza, hacerle la jugada al “nada podemos cambiar” y,
además, desmentir las diferentes pobrezas posibles, dado que en este país hay
gente que vive en la miseria y eso sitúa un límite alarmante en donde la propia
dignidad humana es basureada. Ya no es cuestión de partidos políticos o
corrientes ideológicas. Los efectos del post-capitalismo son rechazados masivos
de subjetividades mortificadas. En Europa se ve la xenofobia, el racismo, el
miedo frente al terrorista. Lo otro
es rechazado radicalmente. Modos de pensar objetivantes avanzan silentes,
gracias a la sigilosa estratagema de apelar a los mass media, cuarto poder, partidos políticos encubiertos. El
anarco-capitalismo no entiende de límites. Es un empuje voraz hacia la expropiación,
la liquidación y la subyugación de la mayor cantidad posible de cuerpos
parlantes. Forclusión de la subjetividad, del estatuto del deseo. Sólo hay
mercancías, fetichizadas, que revelan al objeto pero sacan del tablero la
subjetividad.
No desmentir las
diferencias
El
discurso de los economistas del PRO, en nada se diferencia de lo que sostenía Martínez
de Hoz. Esta idea de “liberar las fuerzas de producción”, permanece intacta. Le
falta a Macri decir abiertamente que “achicar el Estado es agrandar la Nación”.
La avaricia empresarial va por más, como el tiburón que al registrar sangre
pretende hincar el diente aún más incisivamente. Otrora eran los militares
quienes directamente avasallaban la democracia, a pedido de los más poderosos,
sin recelo ni escrúpulos. Que la derecha quiera ir a las urnas es realmente un
avance. Pero no del todo, lamentablemente. Más lindo sería un balotaje entre Del
Caño y Scioli, o entre De Genaro y Zamora, para pensar en otros candidatos
presentes que tuvieron la chance aunque quizá no la valentía de hacerse cargo
del destino del país (cada cual en su momento, con excepción de Del Caño). Pensar
que en la Argentina las cosas se han transformado radicalmente, implicaría precisamente,
ese tipo de definiciones. Pero no, ahí tenemos al emblema de los noventa otra
vez. Pienso simplemente en Tinelli con sus gastadas al semejante, al futbol
otra vez en manos de corporaciones mediáticas, en los trenes manejados por mafiosos
irresponsables y asesinos. Pienso en todo eso y sinceramente, me da un poco de
escozor.
A
esta altura del año, se sabe que en la Provincia de Buenos Aires la gobernadora
será una militante… del macrismo. Esto
interpela toda expectativa. ¿A qué se debe semejante derrota del kirchnerismo
en la Provincia? Seguramente a la centralidad inalterable de la figura
presidencial que no supo delegar el
poder de convocatoria, adhesión y fe en algunos de sus allegados, incluyéndolo
a Daniel Scioli. El sciolismo no es lamentablemente
una fuerza que uno pueda ubicar en directa sintonía con Néstor Kirchner, pero está
enmarcado en una década de transformaciones sociales intensas, permanentes, donde
se han conquistado derechos, espacios, territorios, tiempos, palabras,
significantes, retazos de la historia olvidada. Uno puede estar más o menos de
acuerdo con esta opción peronista, por muchísimas críticas que pueden hacérsele
tanto al candidato en sí como al proyecto. Pero es innegable que en la vereda
de en frente está lo peor. Cíclicamente,
la argentina sufre una revuelta paradójica y temible a la vez. Las mismas
condiciones que nos llevaron al 2001, ahora queremos reintroducirlas.
¿Pretenderemos una vez más caer en la convertibilidad y en el “uno a uno”? ¿Tan
inferiores nos sentimos para tener que hacerle creer al mundo que somos casi una parte de Europa, que nada tenemos que ver con nuestros
hermanos latinoamericanos? Identificación vertical literal, geográficamente
hablando, en donde el sur aparece menospreciado con respecto al norte. Y donde
la franja conurbana, en su irremediable sentimiento de inferioridad para con
respecto a lo porteño, se identifica buscando sentirse parte, como más no sea
de la misma mierda. Los bonaerenses también queremos nuestro panóptico,
vigilado, castigado, uniforme, “metropolitano”, predecible, anti-fiesta,
amargo, tímido, reprimido y represor. No vaya a ser cosa que nos dé ganas de
comernos un choripán gratarola, mirando a Boca y de meternos a una pileta comunitaria
toda una tarde.
Conclusiones
“Los fascistas de
siempre, no tienen dos dedos de frente”
(Estelares)
El bochornoso, declarado y obsceno
intento de Clarín (“Un invento
argentino”: https://www.youtube.com/watch?v=363CJGA5JKg) y demás corporaciones mediáticas (y
no sólo mediáticas) por generar un clima destituyente, de miedo, de
desesperanza y de escisión social, a lo largo de estos 12 años de Gobierno
nacional y popular, ha tenido una gran eficacia que se ve reflejada en el hecho
de llegar a un balotaje. Han logrado
lo que buscaban: dividir a la sociedad haciéndole creer a gran parte de la misma
que la propuesta del kirchnerismo es “autoritaria”, excluyente y “ambiciosa”,
cuando en acto se demostró siempre
como inclusiva y, únicamente, firme
en tanto no condescendiente con la pretensión arbitraria de privilegios,
monopolios y abusos de poder (punto de
capitón). Otra elogio al modelo sostenido: política de no represión y
obstinada búsqueda de la verdad en todo lo referido a los Derechos Humanos y
los crímenes de lesa humanidad. Las
escuchas del macrismo y la presencia
de sujetos como el “fino” Palacios, ¿tan fácil se borran de la cuenta a la hora
de sumar o es que, como diría Nietzsche, una cuota importante de crueldad necesariamente forma parte de la estructura
de toda sociedad?
El macrismo durante todo este tiempo,
ha mostrado claras señales de ir en contra de los intereses mayoritarios del
Pueblo argentino. Por ejemplo: se abstuvo de votar a favor de la Ley de
fertilización asistida; se ausentó a la hora de pronunciarse sobre la Ley de
trata de blancas y la ley de amas de casas; se mostró en contra de la Ley de
aerolíneas, del matrimonio igualitario, del voto a partir de los 16 años, de la
estatización de las AFJP, de la movilidad jubilatoria y, por último, de la recuperación
de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales
(YPF). En 8 años de gestión, Macri recortó el 22% del presupuesto en Salud. No
construyó hospitales y la mortalidad infantil se incrementó un 18%. La
Educación Pública, vio reducido el presupuesto un 27%. Estos y otros datos estadísticos
hablan por sí mismos en cuanto a lo que el macrismo
representa. Quizá no lo sientan las clases con poder adquisitivo medio o alto,
en tanto están en condiciones de bancarse una realidad más a favor de las
multinacionales y de los mercados mundiales que en favor del derecho ciudadano,
popular y nacional. Quizá tampoco lo sientan las personas menos jóvenes que no
tienen que lidiar con el problema de una educación pública en crisis o con los
cierres de espacios culturales, de arte, de producción colectiva de
significados transformadores y de pensamiento crítico. Posiblemente no lo
sienta el joven que se la pasa mirando televisión, dejándose llevar por los
ideales que la tv indirectamente
vende (belleza, delgadez, dinero, coches caros, celulares enormes, buena
pilcha, etc.). Pero sí lo va a sentir el Pueblo y la Patria Grande,
descentralizada de lo que es CABA y las demás grandes ciudades argentinas en
donde, como siempre pasa en este país, pocos tienen mucho y muchísimos tienen
muy poco.
El sciolismo
no parecería ser la alternativa más indicada para revertir una propuesta
noventosa, pero cambia totalmente su sentido al pensarlo como un proyecto
inserto en el movimiento kirchnerista contemporáneo, que sigue vivo, a pesar de
que se lo quiera vapulear una y otra vez, desde distintos frentes. La autarquía
nacional y popular independizada de los poderes globales siempre acechantes,
debe ser defendida y, hoy por hoy, llegado el extremo de tener que elegir entre
algo quizá no tan interesante o Macri,
nos demanda por fuerza no desechar así como así todo el esfuerzo y la fe que se
han desplegado durante estos 12 años de construcción colectiva por una
reivindicación identitaria nacional, amplia, pluralista, productiva, inclusiva,
pacífica, crítica. Nada es color de rosa y muchísimo ha quedado sin hacer, es
decir, por hacer, pero el regreso a
políticas reactivas anti-patrióticas, pro-yankees, mercantilistas, machistas, xenófobas
y fascistas, SON UN LÍMITE IRREDUCTIBLE para cualquier sujeto con un promedio de
ética ciudadana aceptable. Y dos dedos de frente…
Buenos
Aires, Noviembre de 2015.


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