martes, 20 de octubre de 2015

"EVOLUCIÓN"



"Ya sea en las familias bien constituidas, en las escuelas tristes, en las escuelas dominicales y en las de los otros días de la semana, o en los cenáculos de vejestorios condecorados, las heridas de guerra ya fastidiaron bastante nuestros olvidos con frases del estilo: “Ya lo verán, el mundo evoluciona. Principalmente después de las guerras. Y ustedes evolucionarán con él… Sin choques, sin violencias, todo evoluciona… El progreso…”. Pues bien, hoy podemos imaginar ese progreso. 

Después de la guerra, y algunos años de lo que los manuales de historia denominarán paz, la evolución marchó a pasos de gigante. Dejemos que otros se ocupen de la tecnología (bombas ató- micas, aviones jet, televisión, iluminación indirecta de las iglesias, etc.) y volvámonos hacia los progresos morales, intelectuales, culturales, sobre “el espíritu”, en resumen. Hay que confesar que hubo una bizarra evolución. Antaño, reinaba la más grave grosería, y toda palabra podía ser adivinada de antemano merced a una rápida mirada al uniforme, a los guantes, a la gorra del poseedor de la boca anunciadora. 

Cuando un cura encontraba a otro cura, se podía apostar que se contarían uno al otro historias de curas, y cuando un militar manejaba su pena a lo Gringoire, se podía estar seguro de que el resultado sería un artículo sobre la necesidad de una buena y bonita guerra que sacudiera a los jóvenes de su torpor. Hitler no escondía su odio por los judíos y Chamberlain proclamaba en todas partes su amor por los paraguas, mientras que el Papa no cesaba de elogiar a su compañero Mussolini. Candide era fascista, L’Humanité stalinista y La Croix, una cruz. Existía incluso una derecha que estaba orgullosa de ser derecha y de colaborar, llegado el caso, con los stalinistas para golpear a la “izquierda” que luchaba en España. 

Hoy se acabaron las etiquetas, y si se lo busca bien no se encuentra ni siquiera un gato que ose maullar para mostrar su naturaleza gatuna. El viejo y amable hábito de los canas de civil prolifera. Debe ser la guerra la que tan bien los aconsejó a todos. Comprendieron que para llegar a algo (algo asqueroso, evidentemente) es preciso entreverar las cartas, invertir los papeles, decir lo contrario, mezclar los tantos. Los monjes, creyendo desmentir la ridícula “sabiduría de las naciones”, rechazan la sotana y bajo falsas vestiduras se camuflan cuidadosamente y se colocan una máscara. Ya no se presenta el rostro desnudo, la mentira se ha convertido en la mejor arma de propaganda y los “falsos” siembran la confusión, gracias a su falsedad, alcanzando, así, su objetivo (siempre el mismo) con mucha más seguridad.

¿Los obreros? Nunca se sabe: tal vez sean curas camuflados. La gran ambición de los curas es celebrar misas clandestinas en los sanitarios: sin duda ganarán así más fácilmente el reino de los cielos. ¿Y qué decir del camuflaje de los diarios, de las obras de teatro, de las películas de curas? Se ven muchachas desnudas, se leen historias pornográficas y, por su intermedio, se llega sin dificultad a la conclusión de que –idéntico a las imbecilidades evangélicas– se ha vuelto más digestivo. Es lo que se llama “dorar la píldora”. Y el Papa habla libremente del amor, da consejos sexuales, como el primer psicoanalista americano, olvidando sus propias aventuras con muchachos cuando todavía era aspirante al trono. 

¿La derecha? No existe. ¿Ustedes conocen reaccionarios? De Gaulle es socialista. Herriot un gran revolucionario, Truman apóstol de la reforma social y todos hablan de la paz. Allá se juntan con los otros “grandes sublevados”, los stalinistas, que también trabajan por la paz, protegen las libertades individuales, la justicia colectiva y… la creación artística. Diarios que no pertenecen a nadie son dirigidos por los stalinistas o por sus hermanos en la ignominia, los atlánticos, pero esos diarios son todos libres y de tendencia izquierdista porque no pertenecen a nadie. ¿Quién rumorea que los negros eran linchados en los Estados Unidos de la libre América? Vienen negros a asegurarnos que se trata de rumores malévolos. ¿Quién rumorea que en las democracias libres del Este europeo inocentes son condenados a muerte? Los propios acusados nos aseguran que son culpables. 

¿Quién rumorea que los pueblos de España, de Grecia o de la Argentina mueren bajo regímenes dignos de Hitler y de Stalin? Hay documentos que nos aseguran que se trata de regí- menes más que “democráticos”. Evolución en todos los lugares. Los falsos son estimados y para poder expresarse, en la prensa u otras partes, se es obligado a permanecer extraño a las ideas que se manipulan olvidando sus propias creencias. Los excrementos fétidos de un Dalí son desnudados porque se trata de falsos, mientras que un gran pintor como Toyen vio cerrarse para él las puertas de una galería porque, según le dijeron en lo substancial, “usted es un verdadero surrealista, y sólo los falsos nos interesan”.

 La cultura evoluciona, la prensa se encarga de eso: todo lo que es verdadero, sincero, es desterrado, todo lo que no adula a todo el mundo, al burgués y al cura, es malo. Incluso el amor no osa ya decir su nombre, y las asquerosas aventuras de ricachones, putas en vestidos de noche, príncipes y actores empolvados se convierten en el exutorio de aquellos que deberían comenzar por amar, a fin de poder escupir sobre la descomposición del orden. En síntesis, solamente los pederastas, y al frente de ellos Cocteau, su prima-cocotte, serán bien vistos, no solamente por sus cofrades, sino también por los bien-pensantes, tipo Sartre, que, por exceso de pantomima, pisotean la libertad. Los sublevados siguen a Camus, hablan de la revuelta, la analizan, la disecan, y acaban por enterrarla (conscientemente o no) bajo su escalpelo. Todos esos batracios modelan las ideas, las palabras a su imagen y esas ideas, esas palabras en sus manos se vuelven monstruosidades, callejones sin salida, vacíos. 

Ellos esperan, así, que toda fuerza explosiva deserte de los grandes relámpagos. Pero no porque Camus viole la palabra “revuelta”, la revuelta le pertenece. La revuelta somos nosotros, y la revuelta no sufre contactos impuros, sigue siendo la revuelta. El amor somos nosotros, y todos los Jean Cocteau del mundo no mancharán el amor. Seguiremos amando y rebelándonos y dejaremos que los perros ladren. Así, forjaremos corrientes que los mantendrán sólidamente presos en sus fétidas perreras. Y siempre sabremos reconocer a un padre y a un militar y a un político y a un falso pintor y a un falso pacifista, cualquiera sea el aspecto bajo el que se presente. Destruiremos su camuflaje y le diremos: te abofeteo porque soy libertario, porque soy surrealista, porque soy libre. Y clamaremos lo que somos sin escondernos detrás de manos transparentes.Y les diremos lo mismo a los profesores escrofulosos y declararemos las profecías de los vejestorios buenas para los animales domésticos, y su evolución se desinflará como un globo, con el ruido de un pedo liberador." 

Adonis Kyrou, Le Libertaire, 30 de mayo de 1952

No hay comentarios:

Publicar un comentario

De cuervos y tricolores

  El cuerpo del Negrito Miguel fue hallado muerto y empalado con una zanahoria en las inmediaciones de la Villa Carlos Gardel. Aparentement...